Este colosal acueducto forma parte de
una conducción hidráulica que traía aguas procedentes del pantano de
Proserpina o Charca de la Albuera. Popularmente es conocida como “Los
Milagros” por la admiración que causaba en lugareños y forasteros su
estado de conservación a pesar de los avatares del tiempo. Y no es para
menos, pues se conservan más de ochocientos metros de este acueducto,
alguna de cuyas pilas de granito y ladrillo se alzan veintisiete metros
por encima del terreno. Si observamos detenidamente el monumento nos
daremos cuenta de un interesante detalle: el lugar por donde fluye el
arroyo Albarregas se resalta en el acueducto con un bello arco de
sillares de granito.
En el extremo norte, al iniciarse el
pequeño valle del Arroyo Albarregas, la conducción contó con una piscina
para depurar las aguas (piscina limaria) y que servía a la vez de
fuente. Según la vaguada se pronuncia, la altura de las pilas y el
número de arquerías aumenta; todo ello para que la conducción hidráulica
quedara suspendida a la cota necesaria para que el agua fluyese hacia
la ciudad.
Parece que se erigió en un momento cercano a la
fundación de la Colonia, si bien son evidentes en este acueducto varias
reformas posteriores.
lunes, 1 de noviembre de 2021
Acueducto de los Milagros. Mérida. Badajoz. Extremadura.
Templo de Diana. Mérida. Badajoz. Extremadura.
Templo de Culto Imperial ubicado al fondo de una gran plaza que fue parcialmente nivelada, ya que se evidencian en algunas zonas restos de un criptopórtico. El templo, de planta rectangular, se alza sobre un alto podio de granito que concluye en molduras. Sobre él asienta la columnata cuyos tambores de granito estuvieron estucados y pintados. Esta columnata rodea todo el templo. Debió de erigirse aún bajo el poder de Augusto. Su estado de conservación excepcional se debe a que, durante siglos, el templo sirvió de cimiento y armazón del Palacio renacentista del Conde de los Corbos, del que se conservan aún algunas partes.
Casa del Mitreo. Mérida. Badajoz. Extremadura.
Nos encontramos ante otra vivienda
edificada a finales del siglo I e inicios del II d.C. fuera de las
murallas de la ciudad, sin restricciones para su crecimiento. Sin duda,
su extensión y la decoración de algunas de sus estancias denotan que sus
propietarios fueron personajes de relevancia dentro de la sociedad
emeritense, formados en la cultura helenística. Todo el conjunto está
articulado en torno a tres patios. El primero de ellos, con acceso desde
una escalera, es un atrio tetrástilo con un estanque para recogida de
aguas, el impluvium. Parece que esta zona, como otras de la vivienda,
tuvo un segundo piso, como se deduce de la presencia de algunos peldaños
que aún se conservan. A este atrio dan varias salas, construidas como
las del resto de la casa: zócalo de mampostería y el resto del alzado en
tapial. Las paredes iban enlucidas y decoradas con pinturas. Una de
esas habitaciones conserva el mosaico del Cosmos. En él se representa,
con gran colorido y realismo, un abigarrado conjunto de figuras humanas
que vienen a representar los distintos componentes del universo
conocido, partiendo de los elementos terrenos y marinos hasta llegar a
los celestes, pero todos girando alrededor de una figura primordial, la
de la Eternidad (Aeternitas).
Desde el atrio se llega a un
peristilo con un estanque. A su alrededor se articulan otras tantas
dependencias. Girando al oeste, discurriendo por un pasillo que en uno
de sus lados tuvo parterres ajardinados y unos hórreos, de los que
quedan las huellas de los muretes que los soportaban, desembocamos en un
gran peristilo ajardinado, rodeado por un canal, que se surtía del
aljibe que podemos ver y que estaba ubicado bajo una enorme habitación.
Al Sur podemos contemplar una estancia subterránea, en la que se quiso
ver antaño un templo mitraico, pero que, en realidad, es una habitación
subterránea donde los propietarios de la vivienda evitaban los rigores
del estío.
Al este, algo apartado de la vivienda, se encuentra
un conjunto termal, del que se conservan las arquerías de ladrillo
(hypocausta) desde las que se irradiaba el calor procedente del horno
para calefactar las bañeras. El interior de su cubierta abovedada, que
no se conserva, estuvo decorado con pinturas con motivos marinos.
Casa del Anfiteatro. Mérida. Badajoz. Extremadura.
Esta zona arqueológica se encuentra
fuera de las murallas de Augusta Emerita, en una zona donde cohabitaron
viviendas con espacios funerarios e industriales. Engloba dos casas: la
Casa de la Torre del Agua y la Casa del Anfiteatro, datadas a finales
del s. I d.C., que pervivieron hasta el siglo III. Tras su abandono, a
comienzos del siglo IV, sobre ellas se ubicó una necrópolis.
Una
vez se accede al recinto, lo primero que se observa es una construcción
de planta rectangular en cuyo interior se decantaban de impurezas las
aguas que llegaban de la conducción hidráulica de San Lázaro, que
también podemos ver. Desde esta torre, partían dos ramales, uno
orientado hacia los cercanos edificios de espectáculo y otro hacia la
zona central de la ciudad. Un tramo de este último podemos verlo en la
cripta del Museo Nacional de Arte Romano.
De la Casa de la Torre
del Agua poco es lo que se conserva, ya que quedó arruinada por el paso
de un arroyo. Este arroyo era salvado por la conducción hidráulica de
San Lázaro por un arco, cuya clave de granito está decorada con una
cabeza de león.
La Casa del Anfiteatro es un complejo doméstico
de gran extensión. Parte de él se articula en torno a un patio porticado
de planta trapezoidal, ajardinado en su parte central, donde también
existe un pozo y una fuente. Una de las habitaciones que da a este
patio, posiblemente un comedor o triclinio, tiene un suelo de mosaico en
cuyo emblema central se representan con realismo escenas de vendimia y
de la pisa de la uva, así como a Venus acompañada de un Amorcillo. En el
lado nororiental de esta zona de la casa se ubica la cocina y un
conjunto termal.
Hacia el sudeste se articula otro grupo de
habitaciones. Una de ellas, de considerables dimensiones, probablemente
fuera un comedor, tiene un suelo de mosaico en el que se representa un
nutrido y realista muestrario de fauna marina.
En el lado más
próximo al Anfiteatro, podemos ver restos del mausoleo de Cayo Julio
Succesianus, del siglo II pero modificado durante la centuria siguiente.
En él apareció un dintel con la representación humanizada de los dos
ríos que flanquean la ciudad: el Anas (Guadiana) y el Barraecca
(Albarregas).
Teatro romano. Mérida. Badajoz. Extremadura.
El Teatro se construye bajo el
patrocinio de Agripa, yerno de Augusto, a caballo entre los años 16 y 15
a.C., cuando la Colonia fue promovida como capital provincial de la
Lusitania. Al igual que el edificio contiguo del Anfiteatro, el Teatro
se edificó parcialmente en la ladera de un cerro, lo que abarató
sustancialmente los costes de su fábrica. El resto se erigió en obra de
hormigón forrada de sillares.
Aunque los romanos no eran muy
aficionados al teatro, una ciudad de prestigio no podía dejar de contar
con un edificio para los juegos escénicos. El de Augusta Emerita fue
especialmente generoso en su cabida: unos seis mil espectadores. Éstos
se distribuían de abajo a arriba según su rango social en tres sectores
de gradas, caveas summa, media e ima, separados por pasillos y barreras.
A todas las gradas se accedía con facilidad desde escalerillas
distribuidas de manera radial por las caveas. A través de pasillos se
llegaba a las puertas de acceso o vomitorios.
La deteriorada
grada superior o summa cavea era lo único que emergía del edificio antes
del inicio de su excavación en 1910. Al quedar arruinadas desde antiguo
las bóvedas de los accesos, sólo quedaban en pié los siete cuerpos de
sus gradas, lo que dio lugar a que los emeritenses bautizaran a esas
ruinas como las Siete Sillas.
La cavea ima, donde se acomodaban
los caballeros de la ciudad, se modificó en época de Trajano, erigiendo
en su centro un espacio sagrado rodeado de una baranda de mármol.
Delante de la cavea ima vemos tres gradas más anchas y bajas, donde los
magistrados y sacerdotes de la ciudad disfrutaban del espectáculo
sentados en sillas móviles. Aquellos accedían a sus escaños desde las
grandes puertas laterales ubicadas en ambos extremos. Sobre éstas
puertas se hallaban las tribunas de los magistrados que costeaban el
espectáculo.
El espacio semicircular donde se ubicaba el coro,
la orchestra, luce un suelo mármol fruto de una reforma tardía. Tras la
orchestra se eleva el muro del proscenio, de exedras circulares y
rectangulares. Sobre él se desplegaba la escena. Originalmente era un
entarimado de madera bajo el que se distribuían todos los artilugios de
la tramoya.
La escena se cierra con un muro de treinta metros de
altura, el frons scaenae, estructurado en dos cuerpos de columnas entre
la cuales podemos ver estatuas de emperadores divinizados y de dioses
del mundo subterráneo. Todo se eleva sobre un podio decorado con ricos
mármoles. En el frente escénico se encuentran tres vanos por los que
accedían los actores al escenario. El central, la valva regia, remata en
dintel sobre el que se asienta la estatua sedente de la diosa Ceres (o
Livia, la mujer de Augusto, deificada). Desde la coronación del frente
escénico pendería una marquesina de madera para mejorar la acústica del
recinto, ya de por sí excelente.
Tras el muro del frente
escénico se desarrolla un amplio jardín porticado cerrado por muros con
hornacinas que fueron decoradas con estatuas de miembros de la familia
imperial. En el eje de este pórtico, en línea con la valva regia y el
espacio sagrado de la ima cavea, se halla la aula sacra, un pequeño
espacio sagrado con una mesa de altar donde se honraba a la figura del
divino Augusto.
Casa-Basílica del Teatro
En el
extremo oeste del pórtico del Teatro podemos ver esta vivienda cuyo
excavador, José Ramón Mélida, creyó que las estancias dotadas de ábsides
con ventanas en sus cabeceras, formaban parte de una iglesia donde se
reunía una de las primeras comunidades cristianas, de ahí que la
denominase Casa-Basílica.
La entrada de la casa se encuentra al
oeste y da a una calzada realizada con lastras de diorita, que discurre
de este a oeste. Las fauces de la vivienda dan a una serie de estancias
que se articulan en torno a un patio que estuvo porticado y en cuyo
centro se aprecia aún los restos de un estanque. Algunas estancias
conservan restos de mosaicos decorados con temas geométricos y de
lazadas vegetales.
Al fondo del patio se encuentran las
estancias absidadas, que invaden zonas que antes formaban parte del
pórtico del Teatro. Las habitaciones debieron estar cubiertas con bóveda
de cañón y, en los ábsides, rematarían en un casquete semiesférico. Las
paredes, enlucidas con pinturas, en lo conservado están decoradas con
imitaciones de incrustaciones de mármol en los zócalos y, en la zona del
ábside, sobre pedestales, se conserva el tercio inferior de personajes,
quizá unos sirvientes, vestidos con túnicas de colores y decoradas con
brocados.
Salvo el suelo de la zona del ábside, que posiblemente
estuvo enlosado con mármol, el resto de la estancia estuvo decorada con
un mosaico en el que destaca la presencia de una crátera inscrita en un
cuadrado.
Anfiteatro romano. Mérida. Badajoz. Extremadura.
Erigido en el 8 a.C. como atestiguan
las inscripciones halladas en sus tribunas, el Anfiteatro sirvió de
escenario para espectáculos muy populares: los juegos de gladiadores,
las cacerías de fieras y la lucha entre animales salvajes en escenarios
artifíciales que recreaban bosques, selvas con lagunas o desiertos, todo
ello sobre las grandes tarimas de madera que formaban la arena. La
cabida aproximada de este coso gigantesco era de entre quince y
dieciséis mil espectadores.
Contiguo al Teatro, está separado de
él por una calzada que circunda ambos edificios. Con más pobreza de
medios, este edificio se alzó de manera similar a la del Teatro y, como
aquel, es fruto de diversas fases. Para abaratar costes, parte del
graderío se asentaba sobre cajas de fábrica rellenas de tierra
fuertemente apisonada. Los paramentos eran de piedra del lugar bien
desbastada. En ocasiones las tongadas de los paramentos se igualaban con
verdugadas de ladrillo. En los arcos de los vanos de acceso, se
utilizaban sillares presentando el característico almohadillado de época
augustea.
La distribución del graderío era similar a la del
Teatro, aunque hoy solo se conserva bien la cavea ima y algunos sectores
de la cavea media. En tres de los ejes de la elipse podemos apreciar la
existencia de cuatro puertas monumentales que, desde el exterior, y a
través de amplios corredores, dos de ellos escalonados, desembocaban en
la arena.
En distintos tramos de cada corredor se abrían puertas
que, por medio de escaleras, daban acceso al graderío. Sobre la puerta
del eje menor occidental se ubicaba la tribuna de los magistrados, que
no se conserva. Frente a este, en el eje oriental, se ubicaba la
tribuna, que se conserva parcialmente restaurada, donde disfrutaban del
espectáculo las personas que lo costeaban. A través de unas pequeñas
escaleras los patrocinadores accedían a la arena.
El graderío se
separaba de la arena por medio de un podio de granito, que estuvo
guarnecido con losas de mármol, como demuestra la presencia de los
agujeros de anclaje en los sillares del podio. Sobre esto, existió una
barrera hecha con sillares de granito. En la cara que daba a la arena,
estos sillares lucían pinturas alusivas a los juegos gladiatorios y a
los paisajes en los que se desarrollaban.
Flanqueando las
puertas de los ejes mayores, hay una serie de estancias que, o bien se
usaron a modo de jaula para las fieras como de estancias donde se
preparaban los gladiadores.
En la arena se aprecia la presencia
de un gran foso. En él se asentaban los pilares de madera que sostenían
las tarimas y, bajo las cuales, se ocultaban todos los ingenios
necesarios para el desarrollo de unos espectáculos tan complejos.
domingo, 31 de octubre de 2021
Circo Romano. Mérida. Badajoz. Extremadura.
Es uno de los circos mejor conservados
del Imperio y, también, uno de los más grandiosos. Sus dimensiones lo
certifican, cuatrocientos tres metros de largo por noventa y seis y
medio de anchura, al igual que su cabida, que pudo ser de hasta treinta
mil espectadores. Edificado en tiempo de la dinastía Julio-Claudia tuvo
varias ampliaciones y restauraciones, siendo la última constatada del
siglo IV d.C. Lo que demuestra que este espectáculo aún tenía una masa
ferviente entre los habitantes de la ciudad y sus alrededores en un
momento tan tardío.
Se construyó fuera de las murallas de la
ciudad, junto a la calzada a Toledo y Córdoba, aprovechando la suave
pendiente que el cerro de San Albín presenta antes de llegar a orillas
del Albarregas. Forma un valle artificial drenado por atarjeas que, en
la antigüedad, evitaban que éste se inundase.
Su planta es la de
un rectángulo uno de cuyos extremos, el sudoriental, concluye en
semicírculo. En el se ubicaba la puerta por la que salían los aurigas
vencedores (porta pompae). El extremo noroccidental, el más cercano al
centro de interpretación de este monumento, era rectilíneo, con los
ángulos redondeados. En él se ubicaban las jaulas de salida de los
carros (carceres).
Los lados longitudinales estaban ocupados por
las gradas, que debieron de estructurarse de igual manera que las del
Teatro. Un podio separaba a éstas de la arena. En el eje de uno de esos
lados se ubicaba la tribuna, desde donde disfrutaba del espectáculo su
patrocinador; en el mismo sitio, pero en lado opuesto, se encontraba la
tribuna de los jueces.
La arena estaba longitudinalmente
recorrida en su centro por un muro sobreelevado, la spina. Los grandes
huecos que podemos observar nos recuerdan que la spina del circo
emeritense estuvo decorada con obeliscos y estatuas colosales.
Basílica de Santa Eulalia y Cripta. Mérida. Badajoz. Extremadura.
Eulalia fue una niña emeritense
martirizada en la ciudad durante las persecuciones ordenadas por el
emperador Diocleciano entre el 303 y 305 d.C.
Con posterioridad
fueron varios los poetas que ensalzaron a la Mártir, entre ellos
Prudencio en su poemario “de las Coronas” o Peristephanon , del siglo IV
o, en el siglo siguiente, el obispo local Hidacio. El túmulo que se
hizo para recordar la memoria de Eulalia nos los describe Gregorio de
Tours en su Libro en honor de los Mártires, ya en el siglo VI. Por
último, una obra del siglo VII, Vidas y los Milagros de los Santos
Padres de Mérida atribuida a un diácono llamado Paulo, es la que mejor
refleja la devoción que desde los albores de la Edad Media tienen los
emeritenses por su Patrona y, sobre todo, describe más fidedignamente el
poder del obispado emeritense y la fastuosidad de sus edificios.. Es
más, buena parte de lo descrito en ese libro (la basílica y la escuela
de niños y el monasterio unidos a ella), cuyas ruinas subyacen bajo el
templo románico tardío que admiramos, ha sido confirmado por los
hallazgos que proporcionaron las excavaciones arqueológicas realizadas
entre 1990 y 1992.
Antes de erigirse aquí un cementerio
cristiano a fines del siglo III, este espacio estuvo ocupado por una
serie de mansiones suburbanas, de las que quedan restos, como es el caso
una pileta con todo el utillaje de tocador. La presencia del monumento
en honor a Eulalia, cuyos cimientos podemos ver hoy bajo la cabecera de
la basílica, acarreó que los cristianos quisieran enterrarse cerca de
ésta hasta bien entrado el siglo XIX. Por eso las estructuras que vemos
en la cripta presentan ese aspecto tan caótico. Añadamos a todo ello
que, en el siglo IX, los árabes construyeron aquí norias y otras
instalaciones agropecuarias, lo que demuestra que, para entonces, la
basílica estaba en ruinas. Sin embargo, buena parte de la cabecera de la
iglesia del siglo XIII es visigoda. Por el contrario, sólo se conservan
los cimientos de sus tres grandes naves y de las dos torres que
flanqueaban la cabecera del templo.
Aquí podemos observar un
muestrario de sepulturas de épocas bien distintas. Así mausoleos
tardoromanos de considerables dimensiones, como el que está redecorado
con pinturas del siglo XVI que representan estaciones del Calvario, a
San Juan, Santa Ana y San Martín. O el sepulcro sellado por un mosaico
en el que se representaba al difunto de pié entre cortinajes. Sepulcros
de época visigoda sellados con una losa sepulcral de mármol, como el del
ilustre varón Gregorio, luego reutilizado para enterrar a Eleuterio y a
Perpetua. Criptas funerarias como la de los obispos…así hasta llegar a
tumbas de egregias familias locales del siglo XVI y XVII, como la de los
Moscoso o los Mejía.
Al lado de la basílica de sitúa 'El
Humilladero', un pedestal de mármol levantado sobre un graderío y en el
que, a su vez, se apoya una columna que remata en una cruz. Realizado
con limosnas del pueblo, simboliza la columna en la que la Mártir fue
azotada durante su martirio e indicaba el lugar de los hechos.
HORNITO
En
el acceso al atrio de la Basílica de Santa Eulalia vemos un edificio de
reducidas dimensiones, se trata de un oratorio dedicado a Eulalia,
conocido popularmente como “El Hornito”. Su pórtico está realizado con
piezas de mármol extraídas a principios del siglo XVII de un lugar
indeterminado de la ciudad. Todas ellas pertenecieron al Templo que la
colonia Romana dedicó al Dios Marte.
Una inscripción en la zona
frontal, que en origen fue de letras de bronce doradas, nos recuerda que
el templo lo costeó Vetilla, mujer de Páculo. Si nos fijamos en la
decoración de alguna de estas piezas arquitectónicas, quedaremos
impresionados por la minuciosidad con la que fue esculpido un abigarrado
conjunto de trofeos de guerra (corazas, cimeras, ruedas de carros,
espadas…). Estos relieves, por su estilo, parecen haber sido ejecutados
hacia la segunda mitad del siglo II d.C.

























































