Las Casamatas del Pétrusse: el vientre de piedra del Gibraltar del Norte
Introducción y marco conceptual
Bajo la plaza de la Constitución de la ciudad de Luxemburgo, excavado directamente en la roca arenisca que domina el profundo valle labrado por el río Pétrusse, en las coordenadas 49.60945, 6.12982, se extiende uno de los conjuntos de fortificación subterránea más extraordinarios de toda Europa: las Casamatas del Pétrusse. Conviene fijar con precisión esta localización desde el primer momento, porque la capital luxemburguesa conserva dos grandes sistemas de casamatas claramente diferenciados entre sí, el de las Casamatas del Bock, situadas en el promontorio rocoso que dio origen al primer castillo condal del siglo X en el otro extremo del casco antiguo, y el que aquí nos ocupa, el de las Casamatas del Pétrusse, emplazadas específicamente bajo la antigua plataforma del bastión Beck, hoy ocupada por la propia plaza de la Constitución, y desarrolladas en el flanco meridional de las antiguas fortificaciones, en el entorno inmediato de la escultura conmemorativa conocida popularmente como la Gëlle Fra. Ambos conjuntos forman parte de un mismo sistema defensivo histórico y comparten su inscripción en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, pero constituyen entidades constructivas, cronológicas y funcionales bien diferenciadas que conviene no confundir a la hora de estudiar su historia particular.
Las Casamatas del Pétrusse constituyen, ante todo, un extraordinario testimonio de la ingeniería militar europea de la Edad Moderna, un vientre de galerías, escaleras y emplazamientos de artillería excavado a lo largo de más de un siglo por sucesivas potencias que se disputaron el control de la pequeña pero estratégicamente codiciada plaza fuerte de Luxemburgo. Su estudio exige adentrarse simultáneamente en tres planos complementarios: el histórico, que reconstruye la sucesión de dominaciones españolas, francesas y austriacas que fueron dando forma al conjunto a lo largo de más de dos siglos; el artístico, entendido aquí no como un repertorio decorativo convencional, sino como el análisis del propio valor estético y escenográfico de la arquitectura militar y de las intervenciones contemporáneas de museografía que hoy dan vida a sus galerías; y el arquitectónico, que examina con detalle las soluciones técnicas empleadas para excavar, ventilar, artillar y comunicar un sistema de fortificación subterránea de semejante complejidad. El presente artículo desarrolla exhaustivamente cada uno de estos planos, cerrando con una síntesis esquemática que recopila de manera ordenada la totalidad de los datos verificados a lo largo del texto, siempre referidos específicamente al conjunto de las Casamatas del Pétrusse y no a las del Bock ni a ningún otro sector del extenso sistema fortificado de la capital luxemburguesa.
Síntesis
Ubicación y coordenadas. Las Casamatas del Pétrusse se sitúan bajo la plaza de la Constitución de la ciudad de Luxemburgo, en el flanco del valle del río Pétrusse, en las coordenadas aproximadas 49.609, 6.130, en las inmediaciones del monumento de la Gëlle Fra, y a unos quinientos metros de las Casamatas del Bock, situadas en un sector diferenciado del casco histórico.
Cronología esencial. Construcción del bastión Beck por ingenieros españoles a partir de 1644. Ravelín del Pâté levantado en 1673. Conquista francesa de la ciudad en 1684 y reforma integral de Vauban entre 1684 y 1685, con elevación del bastión a veintisiete metros y construcción de la Petite Escalier. Restitución del territorio a España en 1697 y paso a la administración austriaca en 1715. Construcción de la Écluse Bourbon y del Grand Escalier austriacos entre 1728 y 1729. Excavación de la Batterie de la Pétrusse en 1746. Desmantelamiento de la fortaleza de superficie tras el Tratado de Londres de 1867, con sellado de aspilleras y accesos. Apertura al público el 22 de julio de 1933. Uso como refugio antiaéreo durante ambos conflictos mundiales del siglo XX, con capacidad conjunta junto al Bock de hasta treinta y cinco mil personas. Inscripción en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1994. Ampliación del recorrido público en 2023.
Sucesión de administraciones. España a partir de 1644, Francia entre 1684 y 1697, España de nuevo hasta 1715, y Austria desde 1715 hasta el final del Antiguo Régimen, cada una de ellas responsable de fases constructivas claramente diferenciadas y documentadas.
Elementos artísticos principales. El propio lenguaje formal de la arquitectura militar vaubaniana como objeto de valor estético; la integración escenográfica entre las galerías excavadas y el paisaje natural del cañón del Pétrusse; la museografía contemporánea de iluminación e instalaciones inmersivas que reactivan la experiencia histórica de las galerías; y las intervenciones de arte contemporáneo asociadas a la exploración reciente del subsuelo urbano de la capital.
Elementos arquitectónicos principales. El Ravelín del Pâté de planta triangular; el muro del bastión Beck de veintisiete metros de altura; la Petite Escalier de Vauban y el Grand Escalier austriaco, con ciento treinta y un escalones de desnivel; la Écluse Bourbon reguladora del foso; y la Batterie de la Pétrusse, galería artillera excavada en roca con marcas visibles de las cargas explosivas empleadas en su construcción.
Datos de extensión y capacidad. Sistema conjunto de casamatas de la capital superior a diecisiete kilómetros de galerías, con capacidad histórica para mil doscientos soldados, cocinas, panaderías y establos; recorrido público actual de las Casamatas del Pétrusse de unos cuatrocientos cincuenta metros.
Significado global. Las Casamatas del Pétrusse constituyen un testimonio excepcional de la ingeniería militar europea de los siglos XVII y XVIII, forjado por la sucesión de las potencias española, francesa y austriaca que se disputaron el control estratégico de Luxemburgo, y transformado en el siglo XX de refugio bélico a patrimonio mundial de la humanidad y espacio de reactivación cultural contemporánea.
Historia
El origen de las Casamatas del Pétrusse se remonta al periodo en el que la corona española, entonces soberana de los Países Bajos meridionales dentro de los cuales se integraba el territorio luxemburgués en virtud del entramado dinástico de la casa de Habsburgo, emprendió la modernización de las antiguas fortificaciones medievales de la ciudad. En 1644, los ingenieros militares al servicio de España, bajo la dirección del ingeniero suizo Isaac von Treybach, iniciaron la construcción de grandes bastiones abaluartados según los principios de la fortificación moderna entonces en boga en toda Europa, entre los que destacó de manera especial el bastión Beck, bautizado en honor del gobernador Johann von Beck, un militar nacido en la propia ciudad de Luxemburgo que había desempeñado un papel destacado en el bando imperial durante el célebre asunto Wallenstein de la Guerra de los Treinta Años. Aquel primer bastión Beck, cuya plataforma superior ocupa hoy la actual plaza de la Constitución, no alcanzaba originalmente la misma altura que las terrazas adyacentes, una limitación defensiva que solo sería corregida décadas más tarde. En 1673, ingenieros españoles completaron el sistema defensivo de este sector mediante la construcción del llamado Ravelín del Pâté, una obra exterior de planta triangular en forma de media luna, destinada específicamente a reforzar la protección del bastión Beck frente a cualquier aproximación enemiga por el valle del Pétrusse, y que constituye hoy una de las escasas fortificaciones luxemburguesas que se conservan en gran parte de su estado original.
El punto de inflexión decisivo en la configuración del conjunto llegó tras la conquista francesa de la ciudad en 1684, cuando las tropas de Luis XIV se apoderaron de la plaza fuerte y el propio reino de Francia adquirió la soberanía sobre el territorio luxemburgués. Fue entonces cuando el rey confió al mariscal Sébastien Le Prestre de Vauban, el más célebre ingeniero militar de la Europa de su tiempo y responsable de la modernización de buena parte del sistema defensivo francés, la reorganización integral de las fortificaciones de la Ciudad Vieja luxemburguesa. Entre 1684 y 1685, Vauban confirió a las obras del Pétrusse la fisonomía esencial que en gran medida todavía conservan en la actualidad, elevando además la altura del bastión Beck hasta alcanzar el nivel actual de la plaza de la Constitución, con un muro que llegó a alcanzar los veintisiete metros de altura, y construyendo asimismo la denominada Petite Escalier o pequeña escalera, uno de los elementos de comunicación vertical más antiguos de todo el conjunto subterráneo. La soberanía francesa sobre Luxemburgo resultó, sin embargo, efímera: el tratado de Ryswick de 1697 obligó a Francia a restituir el territorio a la corona española, y apenas tres lustros más tarde, en 1715, el Gran Ducado pasó a integrarse dentro de los dominios de la rama austriaca de la casa de Habsburgo como consecuencia del reparto territorial derivado de la Guerra de Sucesión Española, iniciando así un nuevo periodo de dominación que resultaría determinante para la configuración definitiva de las casamatas.
Bajo administración austriaca, los ingenieros militares continuaron ampliando y perfeccionando el sistema defensivo del bastión Beck durante la primera mitad del siglo XVIII. Entre 1728 y 1729, los austriacos completaron la construcción de la llamada Écluse Bourbon o esclusa Borbón, un dispositivo hidráulico destinado a controlar el nivel de las aguas del foso defensivo, junto con el llamado Grand Escalier o gran escalera, una segunda vía de comunicación vertical de mayores dimensiones que la escalera construida anteriormente por Vauban. El momento culminante de esta fase constructiva austriaca llegó en 1746, cuando se completó la excavación de las propias galerías subterráneas de artillería conocidas históricamente como la Batterie de la Pétrusse, un sistema de casamatas propiamente dicho concebido específicamente para almacenar piezas de artillería y detener a cualquier fuerza atacante que hubiera logrado penetrar hasta la galería principal del complejo defensivo. Resulta significativo, desde el punto de vista de la historia militar, señalar que a pesar de la sofisticación técnica de estas instalaciones, las Casamatas del Pétrusse no llegaron a ser efectivamente movilizadas en combate real durante más de un siglo tras su construcción, permaneciendo como un dispositivo esencialmente disuasorio dentro del conjunto de fortificaciones que valió a la ciudad de Luxemburgo el sobrenombre histórico de Gibraltar del Norte, en referencia a la práctica inexpugnabilidad que se atribuía a la plaza fuerte dentro del sistema de equilibrio de poder europeo del Antiguo Régimen.
El siglo XIX trajo consigo el declive estratégico y, finalmente, el desmantelamiento oficial de buena parte de este extraordinario sistema defensivo. A medida que evolucionaba la tecnología de la artillería y cambiaban las prioridades geoestratégicas de las grandes potencias europeas, las fortificaciones del Pétrusse fueron cayendo progresivamente en el olvido y en el abandono funcional, dado que su radio de acción defensivo se limitaba esencialmente al flanco del valle fluvial y ya no respondía a las necesidades de un sistema de fortificación moderno de mediados del siglo XIX. El desenlace definitivo llegó con la firma del Tratado de Londres de 1867, que puso fin a la crisis diplomática que había enfrentado a Francia y Prusia por el control de Luxemburgo, consagrando la neutralidad perpetua del Gran Ducado a cambio del desmantelamiento completo de sus poderosas fortificaciones. En el caso concreto de las Casamatas del Pétrusse, aquel desmantelamiento no implicó, sin embargo, la destrucción física del propio sistema de galerías excavadas en la roca, una tarea que hubiera resultado enormemente costosa y arriesgada para la estabilidad del terreno urbano circundante, sino que se limitó a tapiar las aspilleras de tiro y a clausurar la mayor parte de los accesos originales, dejando el conjunto subterráneo sellado y prácticamente olvidado durante más de seis décadas.
El renacimiento de las casamatas como espacio de interés público comenzó a gestarse durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, cuando el conjunto subterráneo, ya despojado de su función militar original, fue reutilizado para los usos más variados e insospechados, desde la instalación en 1871 de las galerías de tiro de la sociedad recreativa local conocida como d'Schéiss, hasta el cultivo de champiñones que los horticultores Backes y Schneider desarrollaron durante la década de 1890 en el propio Ravelín del Pâté, pasando por la organización de conciertos de cerveza y bazares populares en los primeros años del siglo XX, e incluso el almacenamiento de botellas de champán por parte de la compañía vitivinícola Grands Vins de Champagne E. Mercier, fundada en 1858 y que a partir de 1886 aprovechó las condiciones de temperatura y humedad estables del subsuelo para conservar su producción en las inmediaciones de la estación ferroviaria. El 22 de julio de 1933 marcó un hito decisivo en la historia reciente del conjunto, al abrirse por primera vez al público visitante, inicialmente equipado con antorchas para explorar la oscuridad de las galerías, un acontecimiento que atrajo durante aquella primera temporada a cinco mil visitantes deseosos de recorrer lo que entonces ya se promocionaba como las casamatas más extensas del mundo. Durante ambos conflictos mundiales del siglo XX, tanto las Casamatas del Bock como las del Pétrusse recuperaron trágicamente su función original de refugio, llegando a albergar en determinados momentos hasta treinta y cinco mil habitantes de la ciudad durante los bombardeos y los ataques aéreos, una cifra que ilustra de manera elocuente la capacidad de acogida de un sistema subterráneo concebido originalmente para fines muy distintos. Finalmente, en 1994, el conjunto de las fortificaciones y de la Ciudad Vieja de Luxemburgo, incluyendo tanto las Casamatas del Bock como las del Pétrusse, fue inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, un reconocimiento internacional que consolidó definitivamente el estatus de este extraordinario conjunto como uno de los principales atractivos patrimoniales del Gran Ducado.
Análisis artístico
El valor artístico de las Casamatas del Pétrusse no debe buscarse, como sucede en otros monumentos de carácter civil o religioso, en un repertorio de esculturas, retablos o pinturas murales, sino en la propia dimensión estética y escenográfica de la arquitectura militar de tradición vaubaniana, un lenguaje formal que, lejos de limitarse a la mera funcionalidad defensiva, desarrolló a lo largo de los siglos XVII y XVIII un vocabulario compositivo propio, de una monumentalidad geométrica muy característica, que los propios especialistas en patrimonio militar europeo consideran hoy digna de un análisis estético tan riguroso como el que se aplicaría a cualquier otro género arquitectónico. La obra de Vauban en las fortificaciones del Pétrusse, con su elevación del bastión Beck hasta los veintisiete metros de altura y su articulación de escaleras, galerías y plataformas de tiro según una lógica geométrica de precisión matemática, constituye un ejemplo elocuente de cómo la ingeniería militar de la Edad Moderna llegó a alcanzar, dentro de su propia lógica funcional, cotas de sofisticación formal comparables a las de la gran arquitectura civil de la época, un fenómeno que la historiografía especializada en fortificaciones abaluartadas ha subrayado de manera constante al analizar la obra del propio Vauban en decenas de plazas fuertes repartidas por toda Francia y por sus territorios de influencia directa.
Un segundo componente artístico de gran relevancia lo constituye la propia relación escenográfica que las casamatas establecen con el espectacular paisaje natural del valle del Pétrusse, un cañón fluvial de notable profundidad excavado por la erosión del río a lo largo de milenios, sobre cuyo flanco rocoso se asienta el conjunto de galerías defensivas. Esta integración entre arquitectura militar y accidente geológico natural, lejos de ser fortuita, respondía a una lógica defensiva perfectamente calculada por los ingenieros de cada época sucesiva, que supieron aprovechar la propia topografía del terreno como elemento estructural y estratégico de primer orden, generando en el proceso un conjunto visual de notable fuerza expresiva en el que la piedra tallada de las galerías se funde con la roca natural del promontorio de manera prácticamente indiscernible para el visitante contemporáneo. La proximidad inmediata del monumento conmemorativo conocido popularmente como la Gëlle Fra, la escultura dorada erigida en memoria de los caídos luxemburgueses, refuerza además la carga simbólica y memorial de todo este sector de la ciudad, en el que la arquitectura defensiva subterránea dialoga visualmente con uno de los principales monumentos conmemorativos de la nación situado justamente en la superficie que corona el antiguo bastión Beck.
La reciente puesta en valor museográfica del conjunto constituye, por derecho propio, un tercer estrato artístico digno de análisis específico. Las intervenciones de restauración y de acondicionamiento turístico ejecutadas en las Casamatas del Pétrusse durante las últimas décadas han incorporado, según documentan las fuentes oficiales de turismo de la capital, una escenografía tecnológicamente avanzada basada en instalaciones de iluminación y en recursos audiovisuales concebidos específicamente para devolver a la vida, ante los ojos del visitante contemporáneo, la atmósfera histórica de las galerías, permitiendo por ejemplo apreciar bajo una luz reconstituida las huellas todavía visibles en la roca de las cargas explosivas empleadas por los antiguos boutefeux o artificieros encargados de la excavación del subsuelo durante el siglo XVIII. Esta forma de intervención museográfica contemporánea, que combina la conservación estricta de la fábrica histórica original con recursos de iluminación teatral y de narración inmersiva, representa un ejemplo particularmente logrado de cómo el patrimonio de arquitectura militar subterránea puede reactivarse artísticamente para el público del siglo XXI sin traicionar por ello la autenticidad material de las propias galerías excavadas hace ya casi tres siglos.
Finalmente, conviene destacar el valor artístico añadido que ha aportado al conjunto la reciente incorporación de instalaciones de arte contemporáneo vinculadas a la exploración del subsuelo urbano de la capital, en el marco de exposiciones temporales como la desarrollada bajo el título Luxembourg Urban Garden, que en fechas recientes ha combinado la visita a las Casamatas del Pétrusse con la experiencia inmersiva instalada por la artista escocesa Susan Philipsz en el cercano Acquatunnel, una canalización subterránea de novecientos metros de longitud. Esta articulación entre patrimonio histórico de arquitectura militar y creación artística contemporánea de vanguardia ilustra la capacidad del subsuelo histórico de Luxemburgo para seguir generando, casi trescientos ochenta años después del inicio de su excavación, nuevas experiencias estéticas y sensoriales que renuevan constantemente el interés cultural del conjunto ante generaciones de visitantes muy alejadas cronológicamente de la lógica estrictamente militar que dio origen a estas galerías.
Detalle arquitectónico
Desde el punto de vista técnico y constructivo, las Casamatas del Pétrusse constituyen un sistema de fortificación subterránea excavado directamente en la roca arenisca del promontorio sobre el que se asienta el antiguo bastión Beck, cuya plataforma superior corresponde hoy a la actual plaza de la Constitución. La obra exterior del Ravelín del Pâté, levantada por los ingenieros españoles en 1673, presenta una característica planta triangular en forma de media luna, una tipología defensiva muy extendida en la fortificación abaluartada de la época, concebida para proteger de manera avanzada el acceso al bastión principal, interponiendo un obstáculo adicional entre cualquier fuerza atacante y el núcleo defensivo del sistema. Esta obra se cuenta hoy, según reconocen las propias autoridades de patrimonio de la ciudad, entre las escasas fortificaciones luxemburguesas que se conservan en gran parte de su configuración original, ofreciendo un testimonio material excepcionalmente fiel de las soluciones técnicas empleadas por la ingeniería militar española del último tercio del siglo XVII.
La intervención de Vauban entre 1684 y 1685 resultó decisiva para la configuración estructural definitiva del conjunto, no solo por la elevación del muro del bastión Beck hasta alcanzar los veintisiete metros de altura sobre las terrazas adyacentes, sino también por la introducción de soluciones de comunicación vertical de notable sofisticación técnica, entre las que destaca la denominada Petite Escalier, concebida para permitir el desplazamiento rápido y protegido de tropas y de material entre los distintos niveles del complejo defensivo sin necesidad de exponerse al fuego enemigo en superficie. Las posteriores intervenciones austriacas de 1728 y 1729 completaron este sistema de comunicación vertical mediante la construcción del Grand Escalier, una escalera de mayores dimensiones que la de Vauban, articulada en combinación con el dispositivo hidráulico de la Écluse Bourbon, destinado a regular el nivel de las aguas del foso defensivo y a garantizar de este modo un control preciso de las condiciones de inundación controlada que formaban parte integral de la estrategia defensiva de cualquier plaza fuerte abaluartada de la época.
El núcleo propiamente artillero del conjunto, la Batterie de la Pétrusse excavada en 1746, se resuelve mediante un sistema de galerías talladas directamente en la roca, concebidas específicamente para albergar emplazamientos de piezas de artillería orientadas hacia el valle del Pétrusse, con aberturas de tiro o aspilleras dispuestas estratégicamente en los puntos de mayor visibilidad y alcance sobre el terreno circundante. La excavación de estas galerías, ejecutada por mineros luxemburgueses y austriacos que trabajaron a la luz de velas, de maderas resinosas o de sebo en combustión según documentan las fuentes especializadas en la historia técnica del conjunto, se prolongó entre 1728 y 1746, dando lugar a un recorrido interior articulado mediante ciento treinta y una escalones que descienden progresivamente desde el nivel de la plaza de la Constitución hasta las cotas más profundas del valle fluvial, un desnivel considerable que ilustra la notable escala vertical de todo el sistema defensivo subterráneo. Sobre las paredes de roca de estas galerías todavía pueden apreciarse en la actualidad las marcas dejadas por las cargas explosivas empleadas durante el proceso de excavación, un testimonio material directo de las técnicas de minería militar empleadas por los ingenieros del siglo XVIII para abrirse paso a través de la piedra arenisca del promontorio.
En términos de extensión global, el sistema completo de casamatas de la ciudad de Luxemburgo, que integra tanto el sector del Pétrusse aquí estudiado como el del Bock situado en el extremo opuesto del casco histórico, alcanza una longitud total superior a los diecisiete kilómetros de galerías y pasadizos subterráneos, cifra que las fuentes de referencia han llegado a calificar como las casamatas más extensas del mundo, capaces en su conjunto de albergar hasta mil doscientos soldados junto con instalaciones complementarias tan diversas como cocinas, panaderías y establos, un dato que evidencia hasta qué punto este sistema defensivo trascendía la función puramente artillera para constituir una auténtica ciudad subterránea capaz de sostener de manera autónoma y prolongada a toda una guarnición militar en caso de asedio. En la actualidad, el itinerario de visita pública habilitado específicamente dentro de las Casamatas del Pétrusse se desarrolla a lo largo de un recorrido aproximado de cuatrocientos cincuenta metros, abierto de manera ampliada al público a partir de 2023, que permite recorrer con guía especializada una selección representativa de las galerías, escaleras y emplazamientos de artillería que conforman este extraordinario conjunto de ingeniería militar subterránea, complementando así la experiencia de visita que desde hace décadas ofrecen también las vecinas Casamatas del Bock, situadas a apenas quinientos metros de distancia en la Montée de Clausen.








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