 |
| Kadish Monument. |
El Kaddish y
el Mur des Noms: memoria labrada en piedra en el corazón de Luxemburgo
Introducción y marco conceptual
En el bulevar Franklin D. Roosevelt de la Ciudad de
Luxemburgo, a escasos metros de la Catedral de Notre-Dame y en el lugar exacto
donde antaño se alzaba la primera sinagoga del país, se levanta hoy un conjunto
memorial que condensa, en piedra y en nombres, una de las páginas más dolorosas
de la historia luxemburguesa del siglo XX. Este conjunto, conocido popularmente
como Monumento Kaddish, y su complemento arquitectónico más reciente, el Mur en
souvenir des victimes juives du nazisme —el Muro en memoria de las víctimas
judías del nazismo, también llamado Mur des Noms o Muro de los Nombres—,
constituyen juntos el Mémorial de la Shoah de Luxemburgo. No se trata de un
monumento aislado ni de una simple placa conmemorativa: es un sistema de
memoria de doble naturaleza, escultórica y epigráfica, que combina la
abstracción simbólica de una obra de arte monumental con la concreción nominal
y personalizada de más de mil doscientas vidas segadas por el exterminio nazi.
El interés de este conjunto memorial radica precisamente
en esa dualidad. Por un lado, el Monumento Kaddish, inaugurado en 2018, es una
pieza de arte público de gran densidad simbólica, tallada en granito por un
superviviente del Holocausto convertido en escultor de renombre internacional.
Por otro, el Muro de los Nombres, inaugurado mucho más recientemente, en
septiembre de 2025, responde a una lógica distinta, más cercana a la tradición
epigráfica de otros grandes memoriales europeos: la de convertir cada víctima,
cada nombre, en un acto de resistencia frente al anonimato al que el genocidio
pretendió reducir a sus víctimas. Comprender este espacio exige, por tanto,
recorrer tres planos complementarios: el histórico, que explica por qué
Luxemburgo necesitó casi ocho décadas para dotarse de un memorial nacional
dedicado específicamente a sus víctimas judías; el artístico, que profundiza en
el lenguaje escultórico de Shelomo Selinger y en la simbología cabalística que
atraviesa su obra; y el arquitectónico, que analiza la disposición física del
conjunto, su emplazamiento urbano y su integración en el tejido patrimonial de
la capital luxemburguesa.
A través de estas líneas se desplegará un recorrido
exhaustivo por cada una de estas dimensiones, situando siempre el análisis en
las coordenadas exactas del emplazamiento —el entorno del bulevar Roosevelt, en
la Ville Haute de la capital— para evitar cualquier confusión con otros lugares
de memoria del país, como el Museo Nacional de la Resistencia de
Esch-sur-Alzette o las distintas placas conmemorativas repartidas por la
estación central. El objetivo es ofrecer una lectura completa, rigurosa y
accesible de un lugar que, más allá de su valor conmemorativo, constituye
también un testimonio artístico de primer orden y un ejercicio arquitectónico
de integración urbana de la memoria traumática en el espacio cotidiano de una
capital europea.
Síntesis
Ubicación y coordenadas
- Emplazamiento:
bulevar Franklin D. Roosevelt, Ville Haute, Ciudad de Luxemburgo
(coordenadas aproximadas 49,60899° N, 6,13175° E).
- Entorno
inmediato: parte posterior de la Catedral de Notre-Dame; proximidad al
emplazamiento de la primera sinagoga de Luxemburgo (inaugurada en 1823).
- Función
urbana: punto final del Sendero Memorial de la Shoah (nueve paradas,
aproximadamente 3 km, inicio en la estación central).
Cronología esencial
- 1940:
invasión y anexión de facto de Luxemburgo por la Alemania nazi.
- 1941-1943:
deportación de 659 judíos directamente desde Luxemburgo en ocho convoyes;
último convoy el 17 de junio de 1943.
- Cifras
del genocidio: 1.157 víctimas del exterminio y 68 víctimas de la
resistencia o circunstancias conexas, sobre una población judía previa de
unos 4.000 habitantes; unos 700 asesinados en Auschwitz-Birkenau.
- 2009:
petición formal de la comunidad judía e historiadores para erigir un
monumento.
- 2016:
reconocimiento oficial de las víctimas judías como grupo de víctimas
equiparado a otros colectivos de la ocupación.
- 17 de
junio de 2018: inauguración del Monumento Kaddish.
- 21 de
septiembre de 2025: inauguración del Mur en souvenir des victimes juives
du nazisme (Muro de los Nombres).
El monumento Kaddish: ficha artística
- Autor:
Shelomo Selinger, escultor franco-israelí, nacido en 1928 en Szczakowa
(Polonia), próximo a Auschwitz.
- Biografía
relevante: superviviente de nueve campos de concentración y dos marchas de
la muerte; amnesia de siete años; formación en la École des Beaux-Arts de
París con Marcel Gimond.
- Material:
granito gris-rosado, tallado mediante técnica de talla directa.
- Elementos
iconográficos: canal de luz ascendente, rostros y cabezas fragmentadas,
cabellera transformada en llamas, mano protectora con un bebé, letras
hebreas "lamed" y "vav" (valor cabalístico conjunto:
36, número de los "justos ocultos").
- Inscripción:
texto del Kaddish en hebreo y francés, dedicado a los judíos de Luxemburgo
asesinados por los nazis entre 1940 y 1945.
El Muro de los Nombres: ficha arquitectónica
- Promotores:
MemoShoah Luxembourg, con el apoyo del gobierno luxemburgués, la Ciudad de
Luxemburgo, el Consistorio Israelita y la Fundación luxemburguesa para la
memoria de la Shoah.
- Contenido:
1.225 nombres grabados de víctimas judías del nazismo en Luxemburgo.
- Función:
complemento nominal e individualizador de la dimensión alegórica del
Monumento Kaddish.
- Inauguración
oficial: 21 de septiembre de 2025, con representación gubernamental a
cargo de la ministra de Justicia, Elisabeth Margue.
Lectura de conjunto
- El
Mémorial de la Shoah de Luxemburgo articula dos regímenes complementarios
de memoria: el simbólico-alegórico (escultura) y el nominal-epigráfico
(muro de nombres).
- El
emplazamiento reactiva un espacio de memoria judía preexistente a la
catástrofe, vinculando el lugar de la ausencia con el lugar del recuerdo
contemporáneo.
- El
conjunto se integra plenamente en el tejido patrimonial y turístico de la
Ville Haute, sin cerramientos, dentro de un itinerario oficial de memoria
histórica.
 |
| Kadish Monument. |
 |
| Kadish Monument. |
 |
| Kadish Monument. |
 |
| Mur en souvenir de victimes juives de nazisme. |
 |
| Mur en souvenir de victimes juives de nazisme. |
 |
| Mur en souvenir de victimes juives de nazisme. |
Historia
Para entender el nacimiento del Monumento Kaddish y
del Muro de los Nombres resulta imprescindible remontarse a la primavera de
1940, cuando el Gran Ducado de Luxemburgo, país neutral, fue invadido por la
Alemania nazi el 10 de mayo. En aquel momento residían en el territorio
luxemburgués cerca de cuatro mil judíos, una cifra que incluía tanto a familias
asentadas desde generaciones anteriores como a un número considerable de
refugiados que, durante la década de 1930, habían huido hacia el Gran Ducado
desde Alemania y Austria buscando escapar de las persecuciones nazis que ya se
recrudecían en sus países de origen. La ocupación alemana transformó
radicalmente la situación de esta comunidad: Luxemburgo fue anexionado de facto
al Reich y sometido a una política de germanización forzosa que incluyó, desde
los primeros meses, medidas de exclusión, expolio patrimonial y persecución
sistemática contra la población judía, calcada de la legislación antisemita
aplicada en el resto del territorio del Reich.
La deportación organizada de los judíos luxemburgueses
comenzó a partir de octubre de 1941. Desde la estación central de ferrocarril
de la capital, un total de seiscientas cincuenta y nueve mujeres y hombres
judíos fueron embarcados en ocho convoyes con destino a guetos y campos de
exterminio en la Europa oriental ocupada. A estas cifras hay que sumar, además,
los aproximadamente seiscientos residentes judíos de Luxemburgo que fueron deportados
no directamente desde el Gran Ducado, sino desde Francia y Bélgica, países a
los que muchos habían huido en un intento desesperado de escapar de la
persecución, sin lograrlo. El último de aquellos convoyes de deportación partió
el 17 de junio de 1943, una fecha que, siete décadas y media después, se
convertiría en el día elegido para inaugurar el monumento conmemorativo. Según
las cifras actualmente aceptadas por los servicios de memoria luxemburgueses,
mil ciento cincuenta y siete de los aproximadamente cuatro mil judíos que
habitaban el país al inicio de la guerra fueron víctimas del genocidio,
mientras que otras sesenta y ocho personas perdieron la vida en la resistencia
contra la ocupación nazi o en circunstancias asociadas a ella. De manera especialmente
significativa, se calcula que unos setecientos judíos originarios del Gran
Ducado fueron asesinados únicamente en el complejo de exterminio de
Auschwitz-Birkenau, el mismo entorno geográfico —la región polaca de Oświęcim—
en el que, coincidencia histórica cargada de simbolismo, nacería el escultor
que décadas más tarde daría forma al monumento luxemburgués.
El reconocimiento oficial de este capítulo de la
historia nacional luxemburguesa fue, sin embargo, extraordinariamente tardío.
Durante décadas, la memoria pública del país privilegió otras categorías de
víctimas de la ocupación —los luxemburgueses reclutados a la fuerza en el
ejército alemán, conocidos como los "enrôlés de force", y quienes
participaron en los movimientos de resistencia—, mientras que las víctimas
judías del genocidio no obtuvieron un estatuto de reconocimiento equiparable
hasta el año 2016, cuando finalmente fueron reconocidas como un grupo de
víctimas en pie de igualdad junto a los otros dos colectivos mencionados. Este
reconocimiento tardío explica en buena medida por qué hubo que esperar hasta el
siglo XXI para que se materializara un monumento nacional específico. El
proceso se puso en marcha formalmente en 2009, cuando representantes de la
comunidad judía de Luxemburgo, junto con historiadores que habían llevado a
cabo una investigación exhaustiva sobre la confiscación de los bienes judíos
durante la ocupación, presentaron una petición formal al gobierno luxemburgués
solicitando la erección de un monumento conmemorativo en la capital.
Casi una década después de aquella petición, el 17 de
junio de 2018, coincidiendo con el septuagésimo quinto aniversario de la salida
del último convoy de deportación, se inauguró solemnemente, en una ceremonia de
Estado, el Monumento Kaddish, obra del escultor franco-israelí Shelomo
Selinger. El monumento fue erigido por iniciativa conjunta de la comunidad
judía de Luxemburgo, el gobierno del Gran Ducado y la Ciudad de Luxemburgo, con
la colaboración adicional de la red europea de patrimonio judío AEPJ. El
emplazamiento elegido, el bulevar Roosevelt, no fue casual: en las proximidades
de ese mismo lugar se había alzado la primera sinagoga de Luxemburgo,
inaugurada en 1823, lo que confería al espacio una carga histórica y simbólica
adicional al vincular el lugar del recuerdo con el lugar de la vida comunitaria
judía anterior a la catástrofe. Finalmente, el desarrollo más reciente de este
complejo memorial tuvo lugar el 21 de septiembre de 2025, cuando se inauguró
junto al Monumento Kaddish el Muro en memoria de las víctimas judías del
nazismo. Esta nueva estructura, promovida por la asociación MemoShoah
Luxembourg con el respaldo del gobierno luxemburgués, la Ciudad de Luxemburgo,
el Consistorio Israelita de Luxemburgo y la Fundación luxemburguesa para la
memoria de la Shoah, incorpora los nombres grabados de mil doscientas
veinticinco víctimas judías del nazismo en Luxemburgo, de las cuales mil ciento
cincuenta y siete perecieron en el genocidio propiamente dicho y sesenta y ocho
murieron en la resistencia o en circunstancias conexas. La ministra de Justicia
luxemburguesa, Elisabeth Margue, representó al gobierno en el acto solemne de
inauguración, que tuvo lugar en el marco de las conmemoraciones del octogésimo
aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, subrayando la voluntad
institucional de extraer lecciones del pasado para las generaciones futuras y
de combatir cualquier forma renovada de odio y persecución.
Análisis artístico
El Monumento Kaddish no puede comprenderse plenamente
sin adentrarse en la biografía de su autor, cuya propia trayectoria vital
constituye una suerte de prólogo necesario para interpretar el lenguaje
simbólico de la obra. Shelomo Selinger nació el 31 de mayo de 1928 en
Szczakowa, una pequeña localidad polaca hoy integrada en el municipio de
Jaworzno, situada a escasa distancia de Oświęcim, el lugar que los alemanes
convertirían en el mayor complejo de exterminio de la historia bajo el nombre
de Auschwitz. Criado en una familia judía que combinó una educación religiosa
tradicional con la escolarización pública polaca, Selinger fue deportado en
1943, junto a su padre, desde el gueto de Chrzanów al campo de concentración de
Faulbrück, en Alemania. Tres meses después, su padre fue asesinado y el joven
Selinger quedó completamente solo, iniciando un periplo de supervivencia que le
llevaría a atravesar nueve campos de concentración distintos —entre ellos
Gröditz, Markstadt, Fünfteichen, Gross-Rosen, Flossenbürg, Dresde, Leitmeritz y
finalmente Theresienstadt— además de dos marchas de la muerte. Su madre y una
de sus hermanas también perecieron durante el Holocausto. Fue encontrado con
vida, apenas respirando, sobre una pila de cadáveres cuando el Ejército Rojo
liberó el campo de Theresienstadt en 1945.
Tras la liberación, Selinger sufrió durante siete años
un cuadro de amnesia que le impidió recordar buena parte de lo vivido. Emigró a
Palestina, donde contribuyó a fundar el kibutz de Kabri en Galilea, y fue
precisamente el encuentro con quien sería su esposa, la estudiante de música
Ruth Shapirovsky, con la que contrajo matrimonio en 1954, lo que coincidió con
la recuperación de su memoria y con el despertar simultáneo de su vocación
artística. A finales de 1955 la pareja se trasladó a París, donde Selinger,
gracias a una beca obtenida tras ganar un concurso artístico, ingresó en la
prestigiosa École Nationale Supérieure des Beaux-Arts como discípulo del
escultor Marcel Gimond. Sin abandonar la formación académica en modelado
tradicional con arcilla, Selinger desarrolló un estilo profundamente personal,
caracterizado por la talla directa sobre el material —mármol, granito, madera—
utilizando martillo, maza y cincel, en una filiación técnica que lo acercaría a
la tradición de escultores como Constantin Brâncuși, quien llegó a introducirlo
en el uso simbólico de la piedra arenisca de los Vosgos y a obsequiarle una
piedra de afilar de ese material rojizo como gesto de transmisión de su propio
legado de talla directa. Selinger completó su formación frecuentando los museos
parisinos, en especial el Louvre, y los talleres de escultores como Ossip
Zadkine, Jean Arp, Alberto Giacometti y Joseph Constant, cuya influencia
contribuyó a moldear un lenguaje escultórico propio, a medio camino entre la
figuración y la abstracción orgánica.
La carrera de Selinger alcanzó reconocimiento
internacional progresivo: en 1973 obtuvo el primer premio en un concurso
internacional con su monumento "Las Puertas del Infierno", dedicado a
la memoria de quienes pasaron por el campo de internamiento de Drancy, en las
afueras de París, antes de ser deportados hacia el este. Ese mismo año fue
nombrado Caballero de la Legión de Honor francesa por el presidente François
Mitterrand, distinción que se elevaría en 2006 al grado de Oficial de la misma
orden. Sus obras han sido expuestas internacionalmente, y ya en 1960 el Jewish
Museum de Nueva York incorporó siete esculturas suyas a su colección. Esta
trayectoria artística, jalonada por el reconocimiento institucional francés e
internacional, convierte al Monumento Kaddish de Luxemburgo en una obra tardía
dentro de la producción de un artista nonagenario en el momento de su
inauguración, pero en modo alguno menor: por el contrario, constituye una de
las piezas más elaboradas y densas simbólicamente de todo su corpus dedicado a
la memoria del Holocausto.
En cuanto al lenguaje formal de la obra propiamente
dicha, el Monumento Kaddish es una escultura monumental tallada en granito de
tonalidad gris-rosada, un material extremadamente denso y duro elegido
precisamente por su capacidad de captar y reflejar la luz de manera cambiante
según el ángulo de observación, un rasgo que Selinger había explorado ya en
piezas anteriores de su producción parisina. La composición se organiza en
torno a un eje ascendente, una suerte de canal o columna de luz que se eleva
desde la base hacia lo alto, y en cuyo desarrollo emergen, talladas en el
bloque pétreo, formas antropomorfas fragmentadas: cabezas invertidas, un rostro
de mujer cuya cabellera se transforma progresivamente en llamas que ascienden
hacia otra cabeza femenina vuelta del revés, y una mano que sostiene a un bebé
en un gesto desesperado de protección, mientras las llamas brotan por todas
partes de la composición. A la izquierda de ese canal central de luz aparece
tallada la letra hebrea "vav", y bajo ella emergen sucesivamente la
cabeza de una mujer de cuerpo contorneado, otra cabeza invertida y la citada
mano protectora. Junto a la "vav" se distingue también la letra
"lamed", cuya combinación no es arbitraria: en la tradición cabalística
judía, "lamed" posee un valor numérico de treinta y "vav"
un valor de seis, sumando conjuntamente treinta y seis, cifra que remite a la
leyenda de los "lamed vav tzadikim", los treinta y seis justos
ocultos cuya presencia permanente en el mundo garantizaría, según esa misma
tradición mística, la continuidad de la existencia humana frente al mal. La
inscripción grabada en el monumento, en hebreo y en francés, reproduce el
íncipit del Kaddish, la plegaria judía de duelo y de santificación del nombre
divino que da título a la obra, junto con la dedicatoria explícita: en memoria
de los judíos de Luxemburgo asesinados por los nazis entre 1940 y 1945.
Desde el punto de vista del análisis iconográfico y
simbólico, la obra se inscribe plenamente dentro de la tradición del arte
memorial post-Shoah que rehúye la representación narrativa directa del horror
en favor de un lenguaje alegórico y fragmentario. Las formas quebradas, los
rostros que emergen y se hunden en la masa pétrea, la ambigüedad entre
figuración y abstracción, remiten a la imposibilidad misma de representar
plenamente la experiencia límite del exterminio, una tensión que numerosos
teóricos del arte memorial han señalado como constitutiva de la producción
artística posterior al Holocausto. El propio hecho biográfico de que Selinger
fuese, él mismo, superviviente de nueve campos de concentración añade a la obra
una dimensión testimonial que trasciende la mera encomienda artística: no se
trata de un escultor que interpreta desde fuera un acontecimiento histórico,
sino de alguien que talla en piedra su propia experiencia de la persecución, la
pérdida y la supervivencia, en un ejercicio de sublimación artística que el
propio artista ha descrito en numerosas ocasiones como parte de su proceso de
recuperación de la memoria tras los siete años de amnesia posteriores a la
liberación.
Detalle arquitectónico
El emplazamiento físico del conjunto memorial resulta
tan significativo como su contenido escultórico y epigráfico. El Mémorial de la
Shoah se ubica en el bulevar Franklin D. Roosevelt, en pleno corazón de la
Ville Haute de la capital luxemburguesa, en un entorno urbano de alta densidad
patrimonial: el monumento se encuentra situado inmediatamente detrás de la
Catedral de Notre-Dame, la principal iglesia del Gran Ducado, y a corta
distancia de otros hitos conmemorativos de la ciudad, como el Monumento
Nacional de la Solidaridad Luxemburguesa, situado apenas a trescientos metros.
Esta proximidad no es meramente circunstancial, sino que responde a una lógica
deliberada de constelación memorial: el visitante que recorre el centro
histórico de Luxemburgo puede encontrar, en un radio relativamente reducido,
varios de los principales lugares de memoria dedicados a la ocupación nazi y
sus víctimas, lo que ha permitido a las autoridades culturales del país
articular un itinerario específico, el llamado Sendero Memorial de la Shoah, un
recorrido señalizado de aproximadamente tres kilómetros y una duración estimada
de dos horas, que conecta nueve puntos de interés relacionados con la
persecución y deportación de los judíos luxemburgueses, comenzando en el
vestíbulo acristalado de la estación central de ferrocarril —desde donde
partieron los convoyes de deportación a partir de 1941— y culminando
precisamente en el Mémorial de la Shoah del bulevar Roosevelt, concebido así
como punto de llegada simbólico de todo el recorrido.
La elección exacta del emplazamiento, muy próximo al
lugar donde se alzaba la primera sinagoga de Luxemburgo, inaugurada en 1823,
añade una capa adicional de significado arquitectónico al conjunto: el memorial
no ocupa un espacio neutro o genérico dentro del tejido urbano, sino que
reactiva la memoria de un lugar de culto y de vida comunitaria judía
preexistente a la catástrofe, tendiendo así un puente arquitectónico entre la
Luxemburgo judía anterior a 1940 y su memoria contemporánea. Esta decisión de
emplazamiento se enmarca en una tendencia más amplia, observable en otros
memoriales europeos del Holocausto, de vincular físicamente los lugares de la
ausencia —los espacios donde la vida judía fue destruida— con los lugares de la
memoria contemporánea, evitando así la construcción de monumentos genéricos y
descontextualizados en cualquier espacio urbano disponible.
En cuanto a la disposición material del conjunto, el
Monumento Kaddish se erige como una pieza escultórica exenta de granito
gris-rosado, de considerable envergadura vertical, concebida para ser observada
desde múltiples ángulos, ya que las formas talladas por Selinger revelan
siluetas y rostros diferentes según la posición del espectador y la incidencia
de la luz natural sobre la superficie pétrea, un efecto buscado deliberadamente
por el escultor a partir de su experiencia con materiales graníticos densos
capaces de captar y reflejar la luminosidad ambiental de manera cambiante a lo
largo del día. La escultura se asienta sobre una base que permite la
circulación peatonal a su alrededor, integrándose en un pequeño espacio
ajardinado y pavimentado que funciona como plaza conmemorativa dentro del
trazado del bulevar, sin interrumpir por ello la continuidad viaria y peatonal
de esta importante arteria urbana de la capital.
El Muro de los Nombres, inaugurado en septiembre de
2025 como ampliación arquitectónica del conjunto original, se dispone junto al
Monumento Kaddish siguiendo una lógica de complementariedad espacial y
conceptual: si la escultura de Selinger ofrece una lectura simbólica y
alegórica de la persecución y el exterminio, el muro adyacente introduce el
registro opuesto, el de la concreción nominal y biográfica, mediante la
inscripción física de los mil doscientos veinticinco nombres de las víctimas
judías del nazismo en Luxemburgo. Esta estructura, de superficie continua y
tratamiento pétreo acorde con el lenguaje material del monumento preexistente,
se concibió expresamente para ofrecer al visitante y a los descendientes de las
víctimas un espacio de recogimiento individualizado, donde cada nombre grabado
constituye un acto arquitectónico de restitución de la identidad frente al
anonimato estadístico al que el aparato genocida nazi pretendió reducir a sus
víctimas. La yuxtaposición física de ambas estructuras —la escultura abstracta
y alegórica, por un lado, y el muro nominal y epigráfico, por otro— genera un
diálogo arquitectónico entre dos regímenes distintos de representación de la
memoria traumática, que sin embargo comparten un mismo emplazamiento, un mismo
entorno paisajístico junto a la catedral y un mismo propósito institucional de
honrar la memoria de las víctimas dentro del espacio público cotidiano de la
capital luxemburguesa.
Por último, cabe destacar que la integración urbana
del conjunto memorial se articula también a través de su carácter accesible y
abierto, sin cerramientos ni restricciones horarias, lo que permite su
incorporación tanto al recorrido turístico patrimonial de la Ville Haute como a
los itinerarios de memoria histórica organizados institucionalmente, incluidas
las ceremonias oficiales que el gobierno luxemburgués celebra anualmente en el
lugar con motivo de la Jornada Internacional dedicada a la memoria de las
víctimas de la Shoah, así como otras conmemoraciones vinculadas a las fechas
históricas asociadas al monumento, como el aniversario del último convoy de
deportación del 17 de junio de 1943.