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jueves, 15 de julio de 2021

Monasterio de Santa María de Vallsanta. Guimerà. Lérida. Cataluña.

El monasterio de Vallsanta es el continuador de un primer establecimiento de monjas cistercienses situado en la Bovera, muy próximo. Seguramente debido a las inapropiadas condiciones que presentaba este último lugar, se tomó la decisión de trasladarse: una parte de la comunidad fue en 1231 en Santa María de Valldaura (Berguedà) y la otra pasó a este lugar de Vallsanta, a partir del 1237.

El nuevo monasterio se situó al lado de la Bovera, en el valle, bajo la colina. Su construcción comenzó en 1235 y en 1237 el papa Gregorio IX ya autorizó el traslado de las monjas de la Bovera en el valle, lo que se debía llevar a cabo en aquella época, aunque posiblemente quedó alguna monja en el antiguo monasterio hasta el 1246. la comunidad resultante era muy importante y en 1246 consta que tenía un total de 23 miembros. El 1272 hay constancia de una donación de Jaime I a favor del monasterio para la construcción de un claustro, sin embargo, posiblemente aquella dependencia monástica no habría levantado nunca.

Hacia el año 1345, en la época de la priora Sibila • la de Boixadors, se construyó una capilla donde sería enterrado Bernat de Boixadors. La iglesia que ahora se encuentra en ruinas sería la segunda que se levantó en este lugar y se habría construido a mediados del siglo XIV. En la segunda mitad de ese mismo siglo se llevaron a cabo obras de importancia en el monasterio e iglesia, sin embargo, esta última quedó inacabada. Debido a una epidemia, en 1403 las monjas se vieron obligadas de dejar temporalmente el monasterio y refugiarse en la Bovera.

Siguió una época de profunda decadencia, con una comunidad muy reducida, a pesar de todo el monasterio continuó activo hasta que en 1589 el abad de Poblet dictaminó que las tres únicas monjas abandonaran el lugar para trasladarse al monasterio del Pedregal ( Urgell). Vallsanta quedó al cuidado de un monje de Poblet, y más tarde pasó a manos de la vizcondesa de Évol, señora de Guimerà. La casa del Pedregal también pasaba por una época de crisis y en 1604 la comunidad se trasladó a Sant Hilari de Lleida.

























Castillo de Ciutadilla. Lérida. Cataluña.

Fortaleza medieval del siglo XI que fue reconstruida y transformada en palacio residencial a finales del siglo XVI. Se mantuvo intacta hasta el año 1835 y permaneció habitada hasta 1908.

Desde el punto de vista estratégico recibe la protección de las depresiones del río Cuervo, el barranco de Boixeró, la colina de los Emprius y los planes de San Roque. Se cree que antes había una mazmorra y un pasadizo secreto que iba desde el castillo hasta la iglesia parroquial de San Miguel y hacia el Convento del Roser.

Cabe destacar, especialmente, la alta torre del homenaje de siete plantas, en las tres últimas hay unos ventanales renacentistas con influencias góticas y de la que se divisa una magnífica panorámica de la zona. También constaba de una escalera renacentista y un patio de armas.

En el año 1949 fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN).

La descripción arquitectónica del Castillo de Ciutadilla - cuyo conocemos una leyenda recogida por J. Amades- ha sido realizada, de mano maestra, por Monreal De Riquer.

El antiguo castillo medieval se transformó en magnífico palacio, pero mantuvo curiosamente la silueta y el carácter de fortaleza exteriorizado en la alta torre del homenaje y en los sólidos muros que se adaptan a la irregularidad del terreno. En esto difiere de casi todos los edificios análogos de las tierras leridanas, los cuales, llegado el siglo XVI, se convirtieron en palacios, sumariamente fortificados, de planta regular.

El fuerte desnivel del suelo obligó a construir muros en varias ocasión, lo que hace sumamente difícil la distinción de las épocas de las sucesivas reformas y ampliaciones del castillo.

El Conjunto determina una planta cuadrangular bastante irregular, en torno a un patio trapezoidal. Esto por lo que se refiere al recinto interior, ya que en la parte foránea observan restos de un muro tosco, de piedra pequeña y sin trabajar, correspondiente a un recinto exterior. Este muro tenía aspilleras y, alzado en la parte más alta de la colina, era destinado a defender el profundo desnivel que a guisa de foso forma la albacara entre ambos recintos. En cambio, el muro externo del núcleo residencial es de sillería gorda, con ventanas de dintel, muchas de las cuales están cubiertas de un recuadro que rompe la moldura con un arco conopial. El coronamiento de este muro es de almenas grandes con garfios e incluso hay garfios sobre una tronera. En la planta baja se repiten las Espejeras simples de tipo antiguo.

La fisonomía de este muro nos da ya las líneas generales de la historia constructiva del monumento: estructuras medievales, casi todas del siglo XV, transformadas en el XVI, época a la que corresponden las ventanas. Ante dos de estas ventanas y en diferentes plantas, hay unos curiosos salientes desde los cuales se puede sacar agua de la cisterna exterior, abierta al pie del muro.

El elemento más destacable, con respecto a la silueta del castillo, es la gallarda y altísima torre de planta rectangular, adosada a uno de los ángulos o más bien cargada sobre la misma esquina. Su elevación corresponde a la de siete plantas, de las cuales las tres más bajas presentan el muro compacto, sin aberturas de ningún tipo. Sobre estas, hay tres más, en cada una de las cuales se abre una preciosa ventana renacentista con resabios góticos, según el tipo tan elegante y tan frecuente en Cataluña hasta mediados del siglo XVI. Son de dintel bajo un recuadro mixtilíneo que deja un pequeño tímpano decorado con un blasón. El último cuerpo de la torre es el de la terraza, rodeada de un parapeto con aspilleras en forma de bocina.

En una de las caras laterales de la torre hay un matacán a media altura, y otro alto de la cara que mira al interior del recinto, es decir, que este matacán domina el patio. Esto nos indica que en pleno siglo XVI aún no se consideraba superflua la fortificación, y con esta defensa se preveía la posibilidad de que el patio fuera ocupado por el enemigo y la gran torre el último reducto de los defensores.

Como ya hemos señalado, toda la torre es de magnífica construcción y corresponde a una obra tardía, pero bajo su observamos los rudos materiales de otra torre mucho más antigua que indudablemente tuvo el mismo emplazamiento.

Si de la torre estando seguimos el muro descendente, encontraremos a una distancia de pocos metros otra torre mucho más pequeña, desmochada y evidentemente más antigua.

Esta segunda torre flanquea y protege el portal de entrada al castillo, que es doble y adovelado en medio punto, pero que ahora se encuentra casi totalmente derrumbado. Por este portal se pasa al patio, espléndido de forma y dimensiones, que constituye el centro de la mansión.

En la desolada ruina actual del castillo, que deja al descubierto las diversas estancias, con las paredes rotas y los techos derrumbados, se puede ver de un vistazo la complejidad de la construcción y las distintas manos que en tiempos diversos contribuyeron a realizarla. Hay bóvedas de cañón, arcos bajos de medio punto, arcos apuntados, arcos rebajados y arcos también de medio punto, pero más esbeltos y tardíos. Estos elementos, en el mismo orden de su enumeración, corresponden aproximadamente a los siglos XII, XIII, XIV, XV y XVI.

La yuxtaposición de tipos tan diferentes convierte confusión total para la removida de piedras que el edificio ha sufrido, como si hubiera experimentado un terrible terremoto.

Una vez pasado el portal, encontramos a mano izquierda, una larga crujía, la cual, debido al desnivel del terreno, ocupa el lugar de una planta subterránea; aquí vemos arcos transversales, unos de medio punto y otros apuntados. En el testero se abre una puerta semicircular de grandes dovelas. La construcción es tosca y desigual y corresponde a las partes más antiguas de la fábrica.

La crujía de la cara frontal tiene una planta baja, cubierta con bóveda de cañón apuntado, donde hay silos, pilas de piedras y otros indicios de haber sido destinada a almacén de comestibles. La atraviesa una escala que sale al exterior por una poterna. Sobre la crujía hay un espacioso salón con cinco arcos transversales rebajados que debían sostener un techo de vigas. El muro tiene aspilleras sencillas.

En el rincón de la derecha del patio se encuentra la escalera noble, de líneas góticas, sobre un arco rampante, y que da acceso al piso principal. Hasta no hace muchos años, esta escala estuvo cubierta por una preciosa galería renacentista, formada por dos arcos sobre los escalones y tres sobre el rellano, todos ellos sostenidos entre sí por hasta balaustres. Era quizá la escala catalana más bella del siglo XVI, como puede verse en las fotografías tomadas varios años. La escalera, desemboca en una bonita portada de pillastres clásicas, coronadas en forma de frontón triangular. Bajo la escalera hay una cisterna blasonada.

Finalmente, la crujía que vemos a la derecha desde la entrada del patio, tiene una planta baja abierta con arcos rebajados y encima se levantan dos pisos con ventanas de dintel y de finas molduras. Los salones de esta parte serían los principales y corresponden a la última etapa de la construcción, si bien aprovechan en parte muros viejos, lo que hace que se observen materiales de aspecto muy diverso.

Hay un buen número de salas con magníficos chimenea de piedra; observan, además, otros detalles de gran refinamiento, que permiten que nos hagamos una idea de la suntuosidad que en tiempos no muy lejanos ofrecía esta maravillosa mansión señorial.






Hostal Sant Jordi. Guimerà. Urgell. Lérida. Cataluña.

26,15€ PAX












Saltejat de bolets, quirxofes, foi i salsa Romescu.


Saltejat de bolets, quirxofes, foi i salsa Romescu.




Peus de porc a la brasa.




Xai a la brasa.








miércoles, 14 de julio de 2021

Guimerà. Urgell. Lérida. Cataluña.

El pueblo de Guimerà, ubicado al sur de la comarca del Urgell (a 555 metros de altitud), es un ejemplo de recinto medieval rural. Guimerà, situado estratégicamente a medio camino del río Corb, paralelo geográfico que divide por la mitad Cataluña, se encuentra a la vez en el centro de un término municipal casi circular, partido por el mismo valle. Podemos decir, pues, con propiedad, que Guimerà, tanto en "macro" como "micro" escala, es el centro del medio. A esta posición geográfica tan destacada, se le añade una extraordinaria calificación urbanística y arquitectónica que lo convierte en un ejemplo magnífico de lo que hemos llamado la urbanización de costero.

HISTORIA

La ciudad de Guimerà tiene ascendentes de población prehistórica a partir del neolítico, restos de la época ibérica y romana y posiblemente continuación visigòtica.

El nombre de Guimerà se ha atribuido a un topónimo germánico, Wigmar.

El castillo fue una importante fortaleza medieval, centro de todo el término. Las primeras noticias que tenemos corresponden al siglo XI; perteneció a la familia Alemany de Cervelló (s.XII), los Castro (1343), los Pinós bajo la denominación Castro - Pinós (1371) y los Duques de Híjar (1663-183). Sus señores llamaban barones de Guimerà. Gaspar Galcerán de Castro y de Aragón obtuvo del rey Felipe III el título de conde de Guimerà en 1599. Desde entonces es condado de Guimerà y vigente como título nobiliario.

Es uno de los pueblos que ofrece más belleza al visitante. El paisaje de su término deja ver estratos de piedra y vegetación de pinos, encina y rebollos. Los márgenes de piedra marcan los desniveles cultivados de las colinas y salvan las tierras de la erosión del agua de las lluvias. Salvo la franja estrecha de huertos regados por Cuervo, los cultivos son de secano: cereales, almendros, olivos y vid.

Es una villa medieval que tiene una fisonomía única; un laberinto de calles suben hacia la iglesia y el castillo, creando un original juego de formas arquitectónicas que podrían hacer pensar en rincones de plena Edad Media. El pueblo fue declarado en 1975 Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN) como una agrupación de viviendas y edificios singulares.

Perderse por las calles del pueblo, subir hasta arriba de todo y contemplar la panorámica del valle desde la torre es un descubrimiento sorprendente. Además, Guimerà tiene buenos productos de la tierra para digerir esta rica historia: entre ellos tenemos el aceite, el vino, la charcutería y la pastelería. De esta última hay que destacar las orejas, los bizcochos, los carquinyolis y el pan cocido en horno de leña. Todos estos productos contribuirán a hacer disfrutar de una manera más interesante la visita a la población.

Lugares de interés

·       Iglesia parroquial de sta. María y el retablo de alabastro de Josep M. Jujol

Sobre una gran roca se alza la iglesia que fue construida entre los siglos XI y XII e iniciada en un momento de crecimiento de la ciudad por los señores Guerau Alemany de Cervelló y su esposa, Geralda de Rocabertí. Sus escudos son aún en la portada, decorada con elementos góticos y esculpidos en los capiteles de acceso.

La planta es de cruz latina y el campanario de planta cuadrada, que se levantó a finales del siglo XIV - XV. En su interior, y concretamente en el altar Mayor, se puede admirar un retablo de alabastro de la Virgen de la Asunción, de estilo gaudiniano (1940), obra de Josep M. Jujol (discípulo del arquitecto Gaudí). Procedente de este templo, el Museo Episcopal de Vic conserva un retablo, obra de Ramon de Mur, datado de 1411 a 1412, que marca la introducción del nuevo estilo gótico internacional en Cataluña.

Durante el año 1955 se hizo una intervención para recuperar una parte de la muralla del ábside neogótico y un punto de observación.

·       Convento de Vallsanta

Al pie de la carretera, poco antes de llegar a Guimerà, están las ruinas de la iglesia gótica, con grandes ventanales, de este monasterio comenzado hacia el 1235 mantuvo la vitalidad hasta el siglo XV y en 1589 las monjas, ya pocas, se marcharon. Conjuntamente con el monasterio del Pedregal (borde Tàrrega) y el de Vallbona de les Monges, el convento de Vallsanta formaba la tríada de monasterios cistercienses de la comarca.

·       Santuario de la Bovera

El término de Guimerà está bastante vinculado a la orden del Cister. Una de las muestras está situada en uno de los lugares más queridos del pueblo y la región; estamos hablando del Santuario de la Bovera, a 2 km de Guimerà. Es una colina desde donde se divisa el paisaje de la comarca. Junto a la ermita actual, hay parte de un claustro románico, del s.XII, del monasterio femenino cisterciense de la Bovera, filial del de Vallbona de les Monges, fundado hacia el año 1176. Unos años después las monjas se trasladaron al pie del monte de la Bovera, cerca del río Corb, y en medio del valle, donde crearon el monasterio de Vallsanta. En el santuario de la Bovera, había un retablo gótico de finales del siglo XV que representaba el pastor que encontró la Virgen de la Bovera. El retablo se conserva en el Museo Diocesano de Vic. El lugar está acondicionado como lugar de encuentro y de estancias de convivencia, con un espacio con unas chimeneas para hacer brasa. En la fachada exterior hay un reloj de sol una inscripción; "Yo sin sol y tu sin fe, no tenemos nada que hacer".

·       Zona de picnic y de recreo.

El pueblo de Guimerà sigue la tradición de reunirse en la Bovera todos los Lunes de Pascua. Muchos pueblos de la van en romería en diferentes días del año.

·       Muralla y los portales de entrada.

La muralla cierra el recinto de la que fue villa medieval.

·       Cal_Manseta_i_campanar_de_Sant_Esteve.

Si bajamos por la calle de la Capilla, encontramos este edificio que data del siglo XV-XVI con fachada gótico-renacentista que corresponde al antiguo hospital de la ciudad Cal Manset. Cabe destacar los balcones y los ventanales de gran armonía y belleza arquitectónica.

·       Museo de arte materno Magda Sanrama.

El museo está dedicado a la maternidad, hay una muestra de etnología, arte, historia, numismática, filatelia, carteles, objetos sentimentales...

·       Museo la corte del Batlle.

Antiguo edificio del ayuntamiento, conocido también con el nombre de "la corte del baile". La planta baja y la primera planta son espacios dedicados a los monasterios cistercienses de Vallbona, Vallsanta, la Bovera y el Pedregal. La segunda planta acoge un auditorio donde se realizan exposiciones temporales y se proyectan audiovisuales de Guimerà y su patrimonio histórico.

·       Casco histórico medieval.

Interesante por su conjunto. Dejarse perder en un paseo sin prisas por las calles, portales y rincones hace revivir tiempos lejanos. Las casas de piedra, con sus detalles y elementos decorativos de puertas, ventanas y arcadas son un entretenimiento enriquecedor. Las calles son estrechas y la luz que cae dibuja las sombras con fuertes contrastes.

Es característico de Guimerà, la variedad de arcos y de cubiertos que se encuentran en las calles de la parte vieja, y también lo son los porches cerca de la plaza Mayor que en tiempos de lluvia dejaban seguir las ferias y mercados. Esta forma de construir empleando arcos cubiertos era motivada porque el pueblo es construido encima de un fuerte desnivel de la sierra, lo que determina que las calles sean escalonados. Las calles más emblemáticos son la calle Mayor, calle de la Ceniza, calle de la Capilla y calle de las costó.

·       Capilla de San Esteban.

Encontramos esta capilla junto a Cal Manset, conocida también como la iglesia de San Esteban. Cal_Manseta_i_Sant_Esteve, El edificio es del s. XIV y era la capilla anexa del hospital, reformada y ampliada el s.XVIII, y vuelta a restaurar en 1983, momento en que se pusieron las reproducciones de dos tablas góticas del famoso pintor Ramon de Mur procedentes de la iglesia parroquial.

·       Castillo.

Entre los restos del castillo se alza una torre cilíndrica, que domina el valle y marca desde lejos la presencia del pueblo, s.X-XI. Después de las obras de consolidación, ahora se puede subir hasta arriba del todo desde donde se divisa una maravillosa panorámica de la zona. En el año 1949 fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional.

·       Plaza mayor.

Si vamos bajando por las calles irregulares, llegamos hasta la plaza Mayor, donde hay un conjunto de casas antiguas con un curioso calle elevada en un lado de la plaza.