Monument National de la Solidarité Luxembourgeoise: la colina de los cañones que guarda la llama eterna
Introducción y marco conceptual
En el extremo del Plateau du Saint-Esprit, sobre una elevación artificial que los propios luxemburgueses conocen popularmente como Kanounenhiwwel, la colina de los cañones, se levanta uno de los monumentos conmemorativos de mayor carga simbólica de todo el Gran Ducado de Luxemburgo: el Monument National de la Solidarité Luxembourgeoise, situado en el corazón de la Ciudad Alta de la capital. Inaugurado en octubre de 1971, este monumento constituye el escenario central de la memoria colectiva luxemburguesa en torno a la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que, pese a la reducida escala demográfica del país, dejó una huella devastadora sobre su población, con un porcentaje de víctimas mortales que los propios historiadores oficiales cifran en torno al dos por ciento del total de habitantes que Luxemburgo tenía en 1939.
Lo que distingue a este monumento de otros muchos memoriales bélicos europeos es la deliberada elección de un concepto unificador capaz de dar cabida, bajo un mismo techo simbólico, a dos colectivos de víctimas que en la Europa de posguerra solían recibir homenajes separados y a menudo enfrentados entre sí: por un lado, los combatientes de la resistencia luxemburguesa que se opusieron activamente a la ocupación nazi, y por otro, los jóvenes luxemburgueses incorporados forzosamente a filas del ejército alemán, un colectivo de más de diez mil hombres que la propia ocupación nazi obligó a combatir, contra su voluntad, en los frentes de una guerra que su país nunca había deseado. Esta doble condición de homenaje compartido explica el propio nombre del monumento, concebido bajo el lema unificador de la solidaridad nacional, aquella misma fuerza colectiva que había permitido a los luxemburgueses resistir los planes alemanes de anexión completa del Gran Ducado al Reich nazi.
Este artículo desarrolla en profundidad la historia de la fundación y de la construcción de este monumento desde el contexto de la ocupación alemana de 1940 hasta su papel en las conmemoraciones nacionales contemporáneas, analiza los valores artísticos y simbólicos de sus distintos elementos escultóricos y arquitectónicos, y examina con detalle las soluciones constructivas empleadas para levantar este conjunto memorial sobre una colina artificial erigida precisamente con los materiales procedentes de la antigua fortaleza militar de la ciudad.
Síntesis
- Ubicación: Kanounenhiwwel (colina de los cañones), Plateau du Saint-Esprit, Ciudad Alta de Luxemburgo.
- Contexto histórico: ocupación nazi de Luxemburgo entre el 10 de mayo de 1940 y el 10 de septiembre de 1944 (combates residuales hasta el 17 de febrero de 1945); regreso de la gran duquesa Charlotte el 14 de abril de 1945.
- Impacto demográfico: aproximadamente el 1,96% de la población total de 1939 (290.000 habitantes) murió a causa del conflicto.
- Antecedente simbólico: censo de octubre de 1941, en el que los luxemburgueses declararon masivamente su identidad nacional, frustrando los planes de anexión nazi.
- Episodio conmemorado de manera específica: fusilamiento de 91 luxemburgueses enrolados a la fuerza en el ejército alemán, en la prisión de Sonnenburg (Slonsk), la noche del 30 al 31 de enero de 1945.
- Impulsor del proyecto: el primer ministro Pierre Werner, quien propició el acuerdo entre las asociaciones de resistentes y de antiguos enrolados forzosos.
- Autores: François Gillen (creación artística) y René Mailliet (arquitectura).
- Financiación: suscripción nacional pública.
- Inauguración: 10 de octubre de 1971, por los grandes duques Jean y Charlotte, coincidiendo con el 30º aniversario del censo-referéndum de 1941.
- Inscripción central: "D'Hémecht hiren Doudegen 1940-1945" (La patria a sus muertos, 1940-1945).
- Elementos artísticos: llama eterna, santuario interior con piedra sin tallar, patio empedrado evocador de prisiones, campos de concentración y cuarteles.
- Monumentos complementarios: el de la Fuerza Armada (policía, gendarmería y compañía de voluntarios) y el del Cuerpo Charlotte (estatua inaugurada el 29 de abril de 1990, en homenaje a la gran duquesa, fallecida en 1985).
- Origen material de la colina: elevación artificial construida con las piedras de la antigua caserna militar demolida en el Plateau du Saint-Esprit.
- Origen del nombre popular: cañones instalados desde 1859 para proteger la ciudad baja (deshabitada hasta 1867), capaces de batir el viaducto ferroviario cercano.
- Función actual: escenario central de las conmemoraciones nacionales luxemburguesas de la Segunda Guerra Mundial, con reencendido anual de la llama eterna por el gran duque a mediados de octubre.
- Contexto patrimonial: integrado en el itinerario del Plateau du Saint-Esprit, junto a las casamatas de la Petrusse y los vestigios arqueológicos del antiguo convento medieval de las clarisas.
- Nota crítica: las víctimas judías no fueron mencionadas explícitamente en el proyecto original de 1971, pese a la presencia de un rabino en la inauguración; esta omisión se subsanó en 2018 con un monumento específico a las víctimas luxemburguesas de la Shoá.
Historia
La ocupación nazi y el precio humano de la neutralidad violada
Para comprender el origen de este monumento resulta imprescindible remontarse al 10 de mayo de 1940, fecha en que la Alemania nazi invadió el Gran Ducado de Luxemburgo en flagrante violación del estatuto de neutralidad desarmada que el país había mantenido oficialmente hasta entonces, iniciando una ocupación que se prolongaría hasta el 10 de septiembre de 1944, momento en que las tropas aliadas liberaron el grueso del territorio luxemburgués, aunque los combates en determinadas zonas fronterizas del país, afectadas por la ofensiva alemana de las Ardenas, no cesarían definitivamente hasta el 17 de febrero de 1945, fecha en que las últimas tropas alemanas se replegaron de manera definitiva del territorio nacional. El regreso de la gran duquesa Charlotte, que había mantenido durante toda la ocupación un gobierno en el exilio como símbolo de la continuidad institucional del país, tendría lugar finalmente el 14 de abril de 1945, cerrando así un capítulo particularmente doloroso de la historia contemporánea luxemburguesa.
Aquellos casi cinco años de ocupación nazi tuvieron un coste humano verdaderamente desproporcionado para un país de las modestas dimensiones demográficas de Luxemburgo, que en 1939 contaba con apenas doscientos noventa mil habitantes: los historiadores oficiales luxemburgueses cifran en torno al uno coma noventa y seis por ciento de aquella población total el número de víctimas mortales directamente atribuibles al conflicto, una proporción que sitúa a Luxemburgo entre los países europeos que, en términos relativos a su propia población, sufrieron un impacto demográfico más severo durante la Segunda Guerra Mundial, muy superior al que experimentaron otros territorios ocupados de mayor extensión y de mayor población absoluta.
El referéndum fallido de germanización y la resistencia luxemburguesa
Uno de los episodios de mayor relevancia simbólica dentro de la memoria colectiva luxemburguesa de aquellos años de ocupación fue el fracasado intento de las autoridades alemanas de llevar a cabo, en octubre de 1941, un censo de población concebido explícitamente como instrumento para justificar la anexión definitiva del Gran Ducado al Reich alemán mediante la comprobación estadística de una supuesta identidad étnica y lingüística germánica de la población luxemburguesa. Aquel intento de censo, sin embargo, se convirtió en un auténtico fiasco para las autoridades ocupantes, ya que la inmensa mayoría de los luxemburgueses, desafiando abiertamente las presiones y las intimidaciones de la administración nazi, respondió a las preguntas del censo declarando su nacionalidad luxemburguesa, su lengua materna luxemburguesa y su pertenencia étnica luxemburguesa, en un acto de resistencia civil colectiva y prácticamente unánime que frustró por completo los objetivos propagandísticos y anexionistas que las autoridades alemanas habían depositado en aquella operación estadística.
Aquel episodio de resistencia pasiva pero extraordinariamente eficaz, conocido en la memoria histórica luxemburguesa simplemente como el referéndum, aunque en realidad se tratara formalmente de un censo de población, se convertiría con el paso de las décadas en el símbolo por excelencia de la capacidad de solidaridad y de resistencia colectiva del pueblo luxemburgués frente a la maquinaria de germanización forzosa impuesta por el ocupante nazi, un episodio cuya trigésima conmemoración anual serviría precisamente, tres décadas después, como fecha simbólica escogida para la inauguración oficial del monumento que hoy nos ocupa.
Los enrolados a la fuerza y la masacre de Sonnenburg
Entre las medidas de opresión más gravosas impuestas por la administración de ocupación nazi sobre la población luxemburguesa se cuenta la incorporación forzosa a filas del ejército alemán de varios miles de jóvenes luxemburgueses, un colectivo de más de diez mil hombres que se vieron obligados, bajo amenaza de graves represalias contra ellos mismos y contra sus propias familias, a vestir el uniforme del ejército de la potencia ocupante y a combatir en frentes de guerra completamente ajenos a los intereses de su propia patria. Este colectivo de enrolados forzosos sufrió a lo largo del conflicto un número considerable de bajas, deserciones castigadas con la máxima severidad y episodios de represión que se han convertido en un capítulo particularmente doloroso de la memoria histórica nacional.
El episodio más trágico y de mayor relevancia simbólica dentro de esta historia de los enrolados forzosos tuvo lugar en la noche del 30 al 31 de enero de 1945, cuando noventa y uno de estos jóvenes luxemburgueses fueron fusilados en la prisión de Sonnenburg, también conocida como Slonsk, un episodio de fusilamiento masivo que constituye hoy el núcleo conmemorativo más específico y de mayor carga emocional dentro del propio Monument National de la Solidarité, cuya llama eterna y cuyo santuario interior honran de manera muy particular la memoria de estas concretas noventa y una víctimas, un número que ha quedado grabado de manera indeleble en la memoria histórica luxemburguesa como símbolo del sacrificio impuesto a toda una generación de jóvenes que no habían elegido combatir en aquella guerra.
La iniciativa de Pierre Werner y la búsqueda de un lugar común de memoria
El origen concreto del proyecto de construcción de este monumento se remonta a una iniciativa personal del primer ministro luxemburgués Pierre Werner, una de las figuras políticas más relevantes de la historia contemporánea del Gran Ducado y posteriormente célebre también como uno de los padres fundadores de la moneda única europea. Werner impulsó activamente el acercamiento entre las asociaciones de antiguos miembros de la resistencia luxemburguesa y la asociación de antiguos enrolados forzosos en el ejército alemán, dos colectivos de víctimas del mismo conflicto que hasta entonces habían mantenido, como resultaba comprensible dada la naturaleza tan distinta de sus respectivas experiencias durante la ocupación, una cierta distancia mutua en cuanto a sus formas específicas de conmemoración y de reivindicación de la memoria histórica.
La solución que permitió superar aquella distancia y construir un espacio de memoria compartido por ambos colectivos consistió precisamente en dedicar el nuevo monumento a la solidaridad nacional luxemburguesa en su conjunto, entendida como aquella fuerza colectiva que había permitido a los luxemburgueses de toda condición y de toda experiencia personal durante la guerra resistir unidos frente a los planes de anexión y de germanización forzosa del ocupante nazi, una fórmula conceptual que resultó igualmente aceptable tanto para los antiguos combatientes de la resistencia como para los antiguos enrolados forzosos, permitiendo así la construcción de un único gran monumento nacional capaz de honrar conjuntamente a la totalidad de las víctimas luxemburguesas del conflicto, sin distinción entre las distintas formas concretas que había adoptado su respectivo sufrimiento y su respectiva resistencia durante los años de la ocupación.
La inauguración de 1971 y la fecha simbólica del referéndum
El monumento, erigido mediante suscripción nacional pública, una fórmula de financiación que subraya el carácter de proyecto colectivo y de amplia base social que sus impulsores quisieron otorgar a la iniciativa, fue finalmente inaugurado el 10 de octubre de 1971 por sus altezas reales el gran duque y la gran duquesa Charlotte, en presencia de las autoridades religiosas y civiles del país, de organizaciones de la resistencia, de antiguos combatientes, de antiguos enrolados forzosos y de una amplia multitud de compatriotas congregados para la ocasión. La elección de aquella fecha concreta no resultó en absoluto casual, ya que el 10 de octubre de 1971 coincidía exactamente con el trigésimo aniversario de aquel célebre censo de población de octubre de 1941 mediante el cual los luxemburgueses habían manifestado de manera colectiva y prácticamente unánime su voluntad de permanecer como un país libre e independiente, resistiendo así los planes de anexión nazi, una coincidencia cronológica que reforzaba de manera muy explícita el vínculo conceptual entre el nuevo monumento y aquel episodio fundacional de la resistencia civil luxemburguesa.
Resulta significativo señalar, desde una perspectiva de análisis histórico crítico, que las víctimas judías de la Segunda Guerra Mundial no fueron mencionadas de manera explícita en el propio proyecto original de construcción del monumento, una ausencia que resulta representativa de las limitaciones y de los silencios que caracterizaron a buena parte de la memoria pública europea de posguerra respecto al Holocausto durante las primeras décadas posteriores al conflicto, aunque cabe destacar que un rabino estuvo presente en la propia ceremonia de inauguración de 1971, un detalle que sugiere ya entonces cierta voluntad de inclusión, por más que esta no llegara a plasmarse todavía de manera explícita en el propio programa conmemorativo del monumento, una carencia que el país luxemburgués terminaría por subsanar mucho más tarde, en 2018, con la inauguración de un monumento específicamente dedicado a las víctimas luxemburguesas de la Shoá.
Las conmemoraciones nacionales contemporáneas
Desde su inauguración en 1971, el Monument National de la Solidarité se ha consolidado como el escenario central y prácticamente exclusivo de las conmemoraciones nacionales luxemburguesas dedicadas a la memoria de todas las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, una función conmemorativa que se materializa anualmente en una solemne ceremonia celebrada a mediados del mes de octubre, durante la cual el propio gran duque reinante procede a reencender personalmente la llama eterna del monumento, en presencia de la totalidad de las autoridades de alto rango del país, un ritual que confirma la extraordinaria relevancia institucional que este monumento ha llegado a alcanzar dentro del calendario cívico y conmemorativo luxemburgués contemporáneo.
Esta función conmemorativa central se ve reforzada además por la propia ubicación del monumento, situado en un lugar de notable visibilidad y de fácil acceso dentro del entramado urbano de la Ciudad Alta luxemburguesa, en las inmediaciones inmediatas tanto del histórico Plateau du Saint-Esprit como de las casamatas de la Petrusse, otro de los grandes vestigios de la antigua fortaleza militar de la ciudad, una proximidad topográfica que integra al monumento contemporáneo dentro del mismo itinerario patrimonial que atraviesa buena parte de la historia militar y defensiva de la capital luxemburguesa a lo largo de los siglos.
Análisis artístico
La llama eterna: un símbolo de solidaridad ininterrumpida
El elemento simbólico de mayor fuerza emotiva dentro de todo el conjunto monumental es su célebre llama eterna, situada frente al edificio central del monumento y concebida deliberadamente para no apagarse jamás, un símbolo de la propia solidaridad nacional que da nombre al conjunto, y que constituye el elemento visual y ritual central de la ceremonia conmemorativa anual celebrada a mediados de octubre, durante la cual el gran duque reinante procede a reencenderla personalmente ante las autoridades del país. Esta llama perpetua, un recurso simbólico de amplia tradición dentro de la memorialística bélica del siglo XX en numerosos países europeos, adquiere en el caso concreto luxemburgués un significado particularmente ajustado a la propia denominación del monumento, al representar visualmente la continuidad ininterrumpida de aquella misma solidaridad colectiva que había permitido al pueblo luxemburgués resistir unido frente a la ocupación nazi.
El santuario interior y la piedra sin tallar
En el interior del edificio principal del monumento se dispone un pequeño santuario conmemorativo, presidido por una piedra deliberadamente simple y sin tallar, un elemento de extraordinaria sobriedad formal cuya propia rudeza material evoca directamente el sufrimiento y el sacrificio de las víctimas de la guerra, en un lenguaje escultórico y simbólico que renuncia conscientemente a cualquier ornamentación o a cualquier idealización figurativa para concentrar toda su fuerza expresiva en la propia austeridad y en la propia aspereza física del material empleado. Esta elección estética, que prioriza la sobriedad conceptual sobre la elaboración decorativa, resulta plenamente coherente con las corrientes dominantes dentro de la memorialística bélica europea de la segunda mitad del siglo XX, especialmente atenta a evitar cualquier forma de retórica triunfalista o de idealización estética del sufrimiento humano causado por la guerra.
Sobre este mismo santuario puede leerse la inscripción conmemorativa central de todo el monumento, formulada en lengua luxemburguesa bajo la fórmula D'Hémecht hiren Doudegen 1940-1945, que puede traducirse como la patria a sus muertos, 1940-1945, una dedicatoria de extraordinaria concisión y de gran fuerza emotiva que resume, en apenas unas pocas palabras, el propósito conmemorativo último de todo el conjunto monumental, dedicado a honrar la memoria de la totalidad de los luxemburgueses fallecidos durante aquel periodo, sin distinción entre las distintas circunstancias concretas de su respectivo sacrificio.
El patio empedrado: prisiones, campos y cuarteles
Uno de los elementos de mayor interés simbólico dentro del conjunto es el patio interior del monumento, cuyo pavimento empedrado ha sido deliberadamente diseñado para evocar visualmente, mediante su propia textura y disposición, la memoria material de las prisiones, de los campos de concentración y de los cuarteles militares que marcaron la experiencia de tantas víctimas luxemburguesas durante los años de la ocupación nazi, un recurso simbólico que traslada al propio pavimento del monumento una capacidad evocadora que trasciende ampliamente la función meramente funcional que cabría esperar de un simple elemento de urbanización del espacio conmemorativo.
Esta solución artística, que convierte un elemento arquitectónico aparentemente tan secundario como el propio pavimento del patio en un vehículo simbólico de primer orden dentro del discurso conmemorativo general del monumento, ilustra la notable sofisticación conceptual con que sus autores concibieron el conjunto del proyecto, capaces de dotar de significado simbólico incluso a aquellos elementos constructivos que en otros monumentos conmemorativos de menor ambición artística habrían quedado reducidos a una función puramente utilitaria.
Los monumentos complementarios: Fuerza Armada y Cuerpo Charlotte
Además del edificio central del monumento, la propia colina artificial alberga otros dos conjuntos escultóricos complementarios de notable interés simbólico: el monumento dedicado a la Fuerza Armada, erigido en recuerdo específico de las víctimas pertenecientes a los cuerpos de policía, de gendarmería y de la compañía de voluntarios luxemburgueses, colectivos profesionales que sufrieron también un número considerable de bajas durante los años de la ocupación y de la posterior liberación del país; y el monumento del Cuerpo Charlotte, dedicado específicamente a rendir homenaje a la propia gran duquesa Charlotte, cuya figura, como monarca que mantuvo durante toda la ocupación un gobierno en el exilio como símbolo vivo de la continuidad institucional y de la resistencia nacional luxemburguesa, alcanzó entre sus compatriotas un grado de adhesión y de reconocimiento popular verdaderamente extraordinario, una estatua que fue inaugurada específicamente el 29 de abril de 1990, cinco años después del fallecimiento de la propia gran duquesa en 1985, como expresión del profundo cariño que el pueblo luxemburgués mantenía hacia la memoria de esta soberana.
Detalle arquitectónico
La autoría del proyecto: François Gillen y René Mailliet
Desde el punto de vista de la autoría del proyecto, el conjunto monumental fue concebido conjuntamente por el artista François Gillen, responsable de la creación conceptual y escultórica del monumento, y por el arquitecto René Mailliet, encargado de dar forma constructiva y espacial al conjunto, una colaboración entre creador artístico y arquitecto que resulta plenamente coherente con la práctica habitual en la ejecución de este tipo de grandes proyectos memoriales de posguerra, en los que la dimensión estrictamente escultórica y simbólica del monumento debía articularse necesariamente con una solución arquitectónica capaz de organizar de manera funcional y de manera visualmente coherente el conjunto del espacio conmemorativo.
Esta colaboración entre Gillen y Mailliet dio como resultado un conjunto que combina, dentro de una misma composición general, elementos de clara vocación escultórica y simbólica, como la ya mencionada llama eterna o la piedra sin tallar del santuario interior, con una organización arquitectónica del espacio que, mediante la disposición del edificio central, del patio empedrado y de los monumentos complementarios sobre la propia colina artificial, consigue articular un recorrido conmemorativo de notable coherencia narrativa y emocional para el visitante que se aproxima al conjunto.
La colina artificial: piedras de la antigua fortaleza reutilizadas
Uno de los aspectos arquitectónicos de mayor interés simbólico e histórico dentro de todo el conjunto es la propia naturaleza de la colina sobre la que se asienta el monumento, una elevación completamente artificial construida específicamente con las piedras procedentes de la demolición de la antigua caserna militar que hasta entonces había ocupado el Plateau du Saint-Esprit, uno de los muchos edificios de raíz militar vinculados a la histórica fortaleza de Luxemburgo cuya progresiva desmilitarización, iniciada ya en el siglo XIX tras el Tratado de Londres de 1867, se prolongó de hecho hasta bien entrado el siglo XX.
Esta decisión de reutilizar materialmente las propias piedras de la antigua fortificación militar para construir la colina artificial sobre la que hoy se levanta el monumento a la solidaridad nacional resulta de extraordinaria elocuencia simbólica, al establecer una continuidad material directa entre el pasado militar defensivo de la ciudad, vinculado durante siglos a la protección física del territorio frente a amenazas externas, y el nuevo monumento conmemorativo, dedicado precisamente a honrar la memoria de quienes resistieron, con las armas o sin ellas, una de las amenazas externas más graves que el pequeño país luxemburgués hubo de afrontar a lo largo de toda su historia contemporánea.
El origen del nombre popular: la colina de los cañones
El propio apelativo popular con el que los luxemburgueses conocen a esta colina, Kanounenhiwwel, que se traduce literalmente como colina de los cañones, remite directamente a la función militar original de este mismo emplazamiento, empleado desde 1859 para instalar piezas de artillería destinadas a proteger la zona de la ciudad baja, que permaneció deshabitada hasta 1867, frente a eventuales ataques enemigos, unos cañones que, en caso de necesidad, podían disparar directamente contra el propio viaducto ferroviario, también conocido popularmente como la pasarela, construido precisamente frente a los muros de la antigua fortaleza en aquel mismo periodo histórico.
Esta continuidad toponímica entre el antiguo uso militar defensivo del emplazamiento y su actual función memorial resulta particularmente elocuente, ya que confirma cómo la memoria popular luxemburguesa ha sabido mantener viva, a través del propio nombre del lugar, la conciencia de la estratificación histórica de este emplazamiento, en el que la función defensiva original del siglo XIX ha terminado por ceder su lugar, ya en pleno siglo XX, a una nueva función conmemorativa dedicada precisamente a honrar a las víctimas de un conflicto en el que las armas, lejos de proteger al país, se convirtieron en instrumento de su ocupación y de su sufrimiento colectivo.
La organización espacial del conjunto y su integración en el itinerario patrimonial
Desde el punto de vista de su organización espacial general, el Monument National de la Solidarité se articula mediante un edificio central de carácter memorial, precedido por la llama eterna y acompañado por el ya descrito patio empedrado, en torno al cual se disponen además los dos monumentos complementarios dedicados respectivamente a la Fuerza Armada y al Cuerpo Charlotte, configurando en su conjunto un recorrido conmemorativo que invita al visitante a recorrer sucesivamente los distintos elementos del monumento antes de alcanzar el propio edificio central, en una disposición que favorece una experiencia progresiva y reflexiva del conjunto memorial.
Esta organización espacial se integra además de manera coherente dentro del más amplio itinerario patrimonial que recorre el Plateau du Saint-Esprit y sus inmediaciones, un sector de la Ciudad Alta luxemburguesa que combina vestigios de muy diversa naturaleza y cronología, desde las casamatas de la Petrusse y del propio Saint-Esprit hasta los restos arqueológicos del antiguo convento medieval de las clarisas, confirmando la manera en que el Monument National de la Solidarité, pese a su relativa juventud cronológica dentro del conjunto general de la historia urbana luxemburguesa, ha sabido integrarse plenamente dentro de este mismo tejido patrimonial de honda raigambre histórica que caracteriza a todo este sector monumental de la capital del Gran Ducado.

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