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lunes, 13 de abril de 2020

Convento de las Esclavas del Santisimo Sacramento y la Inmaculada. Cuenca.


La Congregación de Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada es una congregación religiosa católica femenina de vida contemplativa y de derecho pontificio, fundada por la religiosa española María Rosario del Espíritu Santo, en Málaga, el 24 de febrero de 1944. A las religiosas de este instituto se les conoce popularmente como Esclavas del Santísimo y posponen a sus nombres las siglas A.S.S.I.

La religiosa española María Rosario Lucas Burgos, de las Hermanas de la Sagrada Familia de Burdeos, con la ayuda del sacerdote jesuita José Antonio de Aldama y Pruaño, decidió retirarse de su congregación y dar vida a un nuevo instituto el 24 de febrero de 1944, con el fin de dedicarse a la adoración perpetua del Santísimo Sacramento. Dicho instituto fue erigido canónicamente como congregación de derecho diocesano, por el arzobispo de Granada, en 1948, con el nombre de Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada.​

Estando en vida la fundadora, el instituto fundó nueve comunidades en España, Málaga, Cuenca, Cáceres, Gerona, Salamanca, Orense, Jaén, Ferrol y la última de ellas, Córdoba (1959), donde estableció la casa general.3​ La aprobación pontificia le fue concedida el 31 de mayo de 1989.

La Congregación de Esclavas del Santísimo Sacramento es un instituto religioso centralizado, de derecho pontificio, cuyo gobierno recae en la Superiora general, coadyuvada por su consejo. El gobierno es elegido para un periodo de seis años. La casa general se encuentra en Córdoba (España).​

Las esclavas del Santísimo Sacramento se dedican a la vida contemplativa, en sus monasterios se realiza la adoración perpetua a Jesús, en la Eucaristía. Para su sostenimiento, confeccionan ornamentos litúrgicos. Su espiritualidad es fundamentalmente eucarística y tienen como devociones propias al Espíritu Santo, al Sagrado Corazón de Jesús y a la Inmaculada Concepción. Tienen como lema: «Que no esté nunca solo el Señor».

En 2015, el instituto contaba con unas 194 religiosas y 17 comunidades,1​ presentes en España, Guatemala, Perú y Puerto Rico.

Sin embargo en 2016 y 2018 tuvo lugar una reestructuración de su organización, reduciendo a 15 el número de comunidades, cerrando las casas de Burriana (Castellón)​ y Salamanca.



Torre de Mangana. Cuenca.


La torre de Mangana es un edificio de la ciudad española de Cuenca, con el estatus de bien de interés cultural. Ha sufrido varias remodelaciones a lo largo de su historia.

La primera torre de Mangana era de planta cuadrada, y se conoce gracias al pintor Antón Wyngaerde; aunque en el dibujo que dejó de ella (1565) no aparecen la cruz y la veleta de hierro que, en 1532, el rejero Esteban Limosín puso en el chapitel que cerraba la torre, y que estaba recubierto de hojalata.

Hay constancia de que, a fines del siglo XVI, el arquitecto Juan Andrea Rodi ejecutó unas obras en la torre; pero ni éstas ni otras obras realizadas posteriormente alteraron su fisonomía pues, según podemos observar estudiando la vista que de la ciudad realizó Juan Llanes y Massa en el siglo XVIII, la torre era igual a la que dos siglos antes dibujara Wyngaerde.

La caída de un rayo a fines del siglo XVIII y la venida de los franceses a principios del XIX motivaron la intervención del arquitecto Mateo López, que se ocupó de reparar los importantes daños que por estos dos sucesos había sufrido la torre.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, se decidió cambiar el remate de la torre; el cual, a pesar de las restauraciones, nos consta que en 1862 estaba en un pésimo estado.

En 1926, la fisonomía de la torre cambiará notablemente, con la reforma que el arquitecto Fernando Alcántara llevó a cabo dentro de un estilo neomudéjar, ajeno al monumento. Suprimió el chapitel y, en su lugar, puso un pequeño cuerpo de campanas, de planta cuadrada, que cubrió con un cupulín. Las paredes fueron revestidas con una decoración rica y colorista en yeso, inspirada en motivos islámicos, principalmente norteafricanos; mientras que las almenas escalonadas que remataban la torre nos remiten a la mezquita cordobesa.

Pero esta pintoresca y exótica torre neomudéjar no habría de ser la definitiva: Mangana volvió a ser nuevamente remodelada en 1970. Con esta restauración se pretendía, según se hace constar en la memoria del proyecto, dignificar una torre que, aunque no se podía considerar un monumento artístico de primer orden, tenía una gran importancia para Cuenca, pues se había convertido en uno de sus símbolos.

Dignificarla significó robustecerla, en este caso. El proyecto que en 1968 realizó Víctor Caballero, supuso encastillar la torre y darle un carácter fortificado y defensivo que como parte de la vieja muralla, había tenido en su origen. Caballero dotó a la construcción de un potentísimo matacán, y la remató sin tejado; con lo que colocó en difícil competencia el nuevo aire compacto cobrado por la torre con sus genuinas características de fragilidad y esbeltez. Diversas opiniones se han manifestado respecto de su restauración, pero es evidente que el monumento ha ganado notoriedad pública y se ha convertido en lugar obligado de visita de la ciudad.

El tiempo de Cuenca lo mide el reloj de Torre de Mangana. Su propia edad y sus sucesivas remodelaciones, desde su construcción en el siglo XVI, ponen la historia en alto.

Edificada sobre un alcázar árabe, vigía de una antigua sinagoga después iglesia cristiana de Santa María, tiene en su historia haber sido catapulta y en su presente ser símbolo municipal y guardesa del Monumento a la Constitución. Así, pasado y presente, religión y política, guerras y leyes, se entretejen desde su atalaya y guardan un tiempo constante e inmortal.






Hospederia Seminario Conciliar de San Julian e Iglesia de la Merced. Cuenca.


El seminario conciliar de San Julián está en la céntrica plaza de la Merced, uno de los lugares más encantadores del casco antiguo de Cuenca, tanto por su monumentalidad como por su situación dentro de la ciudad alta. Fue creado por el arquitecto Vicente Sevilla en 1741 por orden del obispo Flórez Osorio, sobre los restos del palacio del marqués de Siruela. Hoy en día siguen formándose aquí quienes serán los futuros sacerdotes de la diócesis conquense.

Entre las joyas artísticas destacan la fachada de estilo barroco, que data del año 1746; la portada, también barroca, de la capilla del Seminario y su magnífico retablo gótico, obra del Maestro de Horcajo. Hay una importantísima biblioteca de fondo antiguo en una de las estancias del edificio.

Haciendo esquina con la portada del Seminario, y también con una espectacular portada barroca, estructurada en tres cuerpos, nos encontramos la iglesia de la Merced, que da nombre a la plaza en la que se encuentra. En su origen formó parte del convento de mercedarios, instalado en este lugar en 1684, junto al palacio del marqués de Cañete y el antiguo alcázar árabe. Tiene una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos que produce una notable sensación de amplitud en altura. En su interior hay un precioso balcón rococó, trazado por el genial Martín de Aldehuela. El gran número de seminaristas, en la primera mitad del siglo XX, hizo que esta Iglesia pasara a formar parte del Seminario. Desde el año 2005 es la Biblioteca de fondo moderno del Seminario Conciliar. Su espacio es ideal para conciertos, conferencias, congresos, etc…

El seminario tiene dos patios interiores, en torno a los que se disponen las habitaciones. Algunas de ellas dan a los mencionados patios; otras tienen unas preciosas vistas a la hoz del Júcar, mientras que otras dan al exterior a la calle peatonal de Santa María, que separa el Seminario del Museo de las Ciencias de Castilla la Mancha.



Ayuntamiento de Cuenca.


La casa consistorial de Cuenca es la sede del ayuntamiento de la ciudad española de Cuenca. Desde finales del siglo XV, la Casa del Ayuntamiento de esta ciudad ha estado enclavada en la plaza Mayor, que en aquellos años se denominaba de la Picota. Previamente, hay noticias de que en otro tiempo los Concejos se celebraban en el lugar próximo a la puerta de San Juan, e incluso se llega a hablar de la plazuela del Concejo Viejo y del barrio del Concejo.

A mediados del siglo XVI, la Casa Consistorial se encontraba en tan mal estado que hubo necesidad de apuntalarla y de hacer una importante remodelación en ella, de la que se encargó el arquitecto Pedro de Alviz. Durante ese tiempo, los regidores se reunieron en la casa del Corregidor.

En los últimos años del siglo XVI, concretamente en 1595, se planteó la posibilidad de comprar una casa que el regidor Pedro Chico de Guzmán tenía a la entrada en la plaza Mayor. Pasado el tiempo, este edificio se quedó pequeño; por lo que en 1676 los señores del Concejo acuerdan ampliarlo, y deciden hacerlo mediante anexión de una casa que había al lado del Ayuntamiento. Esta casa, que pertenecía a la iglesia, les fue vendida por 4.500 reales.

A principios del siglo XVIII, la Casa del Ayuntamiento amenazaba ruina. Debido a su estado hubo que trasladar el archivo a la casa del Corregidor, donde también se celebraban las sesiones del Concejo. Con el fin de evitar mayores desgracias, el edificio fue vallado, y las calles adyacentes fueron cortadas. Se procedió a demoler el Ayuntamiento, pues el peligro de hundimiento era inminente y el nuevo edificio se iba a erigir en el mismo solar que ocupaba el antiguo. Sin embargo, hasta 1760 no se pusieron en marcha las obras, que se ajustaron al proyecto que había concebido Jaime Bort (el cual, en esa fecha, ya había muerto). Bort diseñó un edificio en el que, como él mismo dice, había buscado que tuviera simetría. Algo realmente difícil de conseguir, por causa de la topografía de la parte alta de la ciudad y de lo pequeño e irregular del solar donde había estado ubicada la antigua Casa del Ayuntamiento.

Para llevar a cabo el proyecto ideado por Bort, se necesitaba disponer de otro solar en el lado oeste de la plaza, justo enfrente del que, hasta su demolición, ocupara el viejo Consistorio. Una vez adquirido ese solar en 1760, don Lorenzo de Santa María, que era un acreditado maestro de albañilería y cantería, tomaba la dirección de la obra, que le fue adjudicada en pública subasta. A fines de 1762 la obra del Ayuntamiento había concluido.

En 1788 se decide ampliar el edificio, y se encarga al arquitecto Mateo López que diseñe el archivo y el oratorio que se pensaba construir en una casa que, con tal fin, se había acordado comprar al lado del Consistorio (la traza se conserva en el Archivo Municipal). Sin embargo, este proyecto no será el definitivo pues, un año más tarde, se cambia de idea, y se considera que sería mejor y menos costoso que esas dependencias que ya se estaban levantando, se destinaran a sacristía y guardarropa, y que el archivo y el oratorio se dispusieran en la Sala del Ayuntamiento, que estaba situada en la planta noble. De nuevo fue Mateo López el arquitecto al que se le encargaron los planos y el presupuesto de la obra.

El Ayuntamiento es uno de los edificios más representativos del barroco de Cuenca. Es de planta rectangular, con dos cuerpos a ambos lados; tan marcados que, en la documentación, cuando se habla de Ayuntamiento, se hace referencia a Casas Consistoriales y sus dos viviendas.

La fachada está articulada en tres plantas, y se matiza cada una de ellas (que van decreciendo según ganan en altura) con pilastras de diferente orden. La primera planta está constituida por una arquería abierta, que permite el paso de la calle principal a la plaza. Se disponen unas pilastras cajeadas de orden toscano entre los arcos, a los que el pie forzado del zaguán ha obligado a trazar en sección apuntada, con el fin de hacerlos más esbeltos y dar más luz al arco central.

Esa misma división tripartita, con pilastras jónicas, en este caso, se mantienen en la planta noble, en la que Bort situó la Sala del Ayuntamiento y sus conjuntas oficinas. En esta planta, se abren tres vanos, con un balcón corrido, que están decorados con baquetones, pilastras cajeadas y frontones curvos y rotos. En la tercera plana, se duplican los vanos y, por lo tanto, el ritmo y las proporciones de los elementos arquitectónicos que la componen. Ostensiblemente minimizado, este piso alto incorpora la superficie del ático al diseño del paramento de la fachada, para compensar su desequilibrio respecto del piso noble.

El amplio ático con el que termina la fachada, oculta, desde la plaza, la vista del tejado. En el centro hay un remate, a modo de peineta, que culmina con la figura de un león.

La fachada posterior, que se asoma a la calle Alfonso VIII, está compuesta con más claridad, y su ritmo es más clásico. Se articula en tres calles, con balcones en la planta noble y ventanas a eje en la superior.

Las puertas, que están situadas bajo el pórtico, son de traza muy sencilla y muestran cierta relación con la arquitectura francesa.