El palacio se distribuye en varias plantas, cada una con estancias dedicadas a diferentes funciones y decoradas con esmero para reflejar el estatus y los gustos de la familia. A continuación, se describen algunas de las habitaciones más destacadas:
Planta Principal:
· Vestíbulo y Escalera de Honor: Al entrar, se accede a un vestíbulo que conduce a la majestuosa escalera de honor, elemento central del palacio, adornada con esculturas y lámparas de época.
· Salón de Baile: Destinado a eventos sociales, este salón destaca por sus espejos, lámparas de araña y una decoración opulenta que refleja el gusto de la alta sociedad del siglo XIX.
· Comedor de Gala: Utilizado para banquetes y cenas formales, presenta una mesa central rodeada de sillas elegantes, con paredes decoradas con tapices y pinturas.
· Salón Árabe: Inspirado en la estética oriental, este salón exhibe una decoración detallada con motivos geométricos y arabescos, creando un ambiente exótico y lujoso.
Entresuelo:
· Despacho del Marqués: Espacio de trabajo personal del marqués, contiene su escritorio, bibliotecas y objetos personales, reflejando sus intereses en la arqueología y la política.
· Dormitorio del Marqués: Incluye una cama, un gran armario, una cómoda con cajones y diversos utensilios para el aseo, como una barbera y un aguamanil.
· Salón de Confianza: Un espacio más íntimo para reuniones familiares o con amigos cercanos, decorado de manera acogedora y elegante.
Planta Baja:
· Galerías de Colecciones: Espacios dedicados a exhibir las diversas colecciones del marqués, incluyendo objetos arqueológicos, armas, relojes y otras antigüedades.
Cada habitación del Palacio Cerralbo está meticulosamente decorada, ofreciendo una visión detallada de la vida aristocrática madrileña a finales del siglo XIX y principios del XX. El palacio se conserva como museo, permitiendo a los visitantes experimentar la opulencia y el estilo de vida de la época.
Horarios: Martes a sábados: 09:30 – 15:00 h Jueves tarde (excepto festivos): 17:00 – 20:00 h Domingos y festivos: 10:00 – 15:00 h .Cerrado todos los lunes, y los días 1 y 6 de enero, 1 de mayo, 24, 25 y 31 de diciembre y una fiesta local. Bolsos, mochilas, paraguas, objetos voluminosos y paquetes deberán depositarse en la taquilla del museo.
Precio: Entrada general: 3 € Entrada reducida: 1’50 €
Entrada gratuita: Sábados a partir de las 14:00 h / Jueves de 17:00-20:00 h / Todos los domingos / 18 de abril, 18 de mayo, 12 de octubre, 6 de diciembre.
Jardín.
La apariencia actual del Jardín es una recreación de 1995. Del original no se conserva apenas documentación, salvo un apunte del propio marqués de Cerralbo. Ese proyecto preveía un eje transversal que dividía el espacio en dos triángulos y unía la fachada del palacio con el ángulo del belvedere o templete-mirador, situado en el esquinazo de la valla y, en el centro, un amplio espacio irregular, bordeado de caminos curvos. La construcción en los años cuarenta del siglo pasado de un pabellón, a imitación del palacio, para uso interno del Museo, rompió el eje ideado por el Marqués. El jardín sufrió así una alteración de la que no se ha podido recuperar. Sin embargo, la intervención practicada nos permite disfrutar hoy de un espacio ajardinado de corte clásico-romántico, en el que se adivina la intención del Marqués. El espacio central se interpretó como un estanque, a modo de espejo de agua, en el que se reflejan diversas esculturas, que junto con los bustos de emperadores romanos, adosados a los muros de la valla y del palacio, logran una ambientación propia de ciertos jardines italianos adornados con elementos clásicos, mientras que los senderos curvos y la vegetación espesa nos acercan al jardín melancólico de estilo inglés.
Oratorio.
Este pequeño Oratorio era tan sólo uno de los muchos espacios de religiosidad cotidiana y vivida de la casa, si acaso uno de los más formales y protocolarios. De uso íntimo o reservado a unos pocos allegados de la familia, a pesar de su pequeña escala tiene todo lo necesario para oficiar una pequeña misa, incluyendo mobiliario para guardar el ajuar litúrgico, altar y reclinatorios para la oración. Como advocación e imagen de devoción destaca el cuadro de “La Virgen con el niño”, obra de Van Dyck, que preside la pequeña y recatada sala.
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| Oratorio. |
Gabinete de la marquesa de Villa-Huerta y aseo tocador.
Este Gabinete era una sala muy personal, dedicada al ocio diario de Amelia del Valle, marquesa de Villa-Huerta a la muerte de su hermano Antonio, en los últimos años de su vida, durante la década de 1920. En esta sala presidida por una mesa de comedor hay un lugar para los recuerdos de familia, para la fe más cotidiana, para momentos de contemplación, lectura y escritura… y también para arreglos de último momento, como sugiere el pequeño aseo tocador anexo. Entre el mobiliario, el imponente espejo con marco de cristal grabado de Murano sobre una cómoda decorada con placas de marquetería de finales del siglo xviii y el mueble expositor que hace las veces de altarcillo doméstico son algunas de las piezas que más atraen nuestra atención, así como el discreto armario ropero de estilo imperio. Esta sala tiene una funcionalidad, la de sala de estar, muy similar al Cuarto del Mirador, pero con un matiz: era una sala más íntima a la que muy probablemente no accedería más que la propia Amelia y el servicio doméstico.
El pequeño aseo tocador está compuesto de piezas originales conservadas de los baños de diario del Piso Entresuelo del Palacio, aunque no hubo ninguno ubicado en este pequeño espacio.
Reproduce a la perfección cómo habría sido uno de los muchos espacios de higiene a disposición de la familia que habitaba la casa. Está compuesto por un retrete porcelánico, con cisterna, desagüe y contenedor para papel higiénico; una fuente de pared; un pequeño tocador con espejo, en el que se expone un reducido juego de tocador de plata y un jarro que formaba parte de un juego de aguamanil de Cartuja Pickman; una silla sencilla; un espejo de marco dorado; un aplique de luz y un perchero guardapolvos. El aseo cotidiano se completaría con bañeras portátiles y con juegos de jarro y aguamanil y lavabos con depósito rellenable.
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| Gabinete de la marquesa de Villa-Huerta y aseo tocador. |
Salón de Confianza.
Es el salón de recibir del piso de diario y, como tal, en él se ubican algunos de los objetos decorativos más llamativos de la casa. El termino de confianza, en parámetros de protocolo decimonónico, hace alusión a los salones en los que se atendía a las visitas, ya fueran íntimas o de cumplido, los días de recibir sin la etiqueta y parafernalia propia de las recepciones de gala.
Por ello no falta el mobiliario adecuado para sentarse a charlar junto a la chimenea, jugar a las cartas o tomar un pequeño tentempié.
Llaman la atención en la sala, sin duda, la gran lámpara de cristal de Murano, adquirida por los marqueses en uno de sus viajes a Italia y bajo ella, en la mesa central, un conjunto en porcelana de Meissen, también del siglo xix, formado por dos jarros y dos jarrones dedicados a los cuatro elementos de la Naturaleza: Agua, Fuego, Tierra y Aire. Destacan además tanto los diversos recuerdos de viaje, como los retratos fotográficos familiares.
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| Salón de Confianza. |
Salón Comedor.
Sala de comer y estar a la vez, situada en una de las zonas más caldeadas del palacio gracias a su ubicación cerca de los cuartos caloríficos, a la presencia de una chimenea, con un hogar de hierro fundido que favorece la combustión y reduce el consumo de combustible, y a su orientación aprovechando todo el sol del atardecer. La mesa central, circular, con posibilidad de hacerla extensible aplicando tableros suplementarios, se utilizaba además de para comer, para conversar, leer, coser o echar una partida de cartas. Junto a la chimenea se sitúa un diván de comodidad para sentarse a tomar el café de la sobremesa y, delante de uno de los balcones, un escritorio donde repasar la contabilidad diaria, hacer un listado de encargos para el ama de llaves o escribir y contestar la correspondencia, actividad preferente de la sociedad decimonónica como medio de comunicación.
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| Salón Comedor. |
Salón Rojo.
Es el primero de una enfilada de tres salones con vistas al Jardín que deben su nombre, siguiendo la costumbre de la época, al tono de sus tapicerías y paramentos. El vivo color de este salón está rematado en la zona inferior por una cenefa de papel pintado, una alternativa al rodapié de moda a finales del siglo XIX.
Este salón se utilizó como despacho, donde el Marqués atendía a administradores y proveedores sin necesidad de que tuvieran que pasar por el resto de la casa. La existencia de estas habitaciones, situadas en la planta baja, en las que el propietario trabajaba en la administración de sus fincas, gestionaba sus rentas y sus negocios, fue habitual en los palacios urbanos de la nobleza y alta burguesía.
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| Salón Rojo |
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| Salón Rojo |
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| Salón Rojo |
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| Salón Rojo |
Salita Rosa.
En contraposición con las dos salas anteriores, en las que se ha recuperado la decoración original, esta estancia ha sido recreada como gabinete de la marquesa de Villa-Huerta con parte del mobiliario legado por ella para que formase parte del Museo. La recreación se ha hecho al modo de las salitas de compañía, tan del gusto de las damas decimonónicas, en las que resultaba imprescindible una sillería de comodidad donde la dueña de la casa pudiera sentarse de forma relajada y sin protocolo. Resulta fácil imaginar aquí a la señorita Amelia en compañía de alguna amiga, charlando mientras contemplaban la floración de la primavera a través del balcón abierto al Jardín o bordando mientras compartían una lectura por turnos a viva voz o, sola, sentada ante el escritorio femenino marcado con su inicial, escribiendo cartas, tarjetas de invitación o notas de agradecimiento.
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| Salita Rosa. |
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| Salita Rosa. |
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| Salita Rosa. |
Salón Amarillo.
Comedor de diario y gabinete de confianza a la vez, de ello nos informa el propio mobiliario compuesto por una mesa realizada en palma de caoba maciza rodeada de seis sillas a la inglesa, con el característico respaldo calado de pala central y otra sillería de las llamadas de gabinete que consta de varios asientos, butacas, sillas y sofás, dispuestos en grupos de conversación, henchidos con muelles, bajos y envolventes y tapizados en damasco de seda amarillo a juego con las cortinas de los balcones.
La decoración de la pared presenta el papel pintado original, el único que se conserva en todo el palacio. Estos papeles, impresos con procedimientos mecánicos, de moda a mediados del siglo xix, son una solución práctica frente a los antiguos y mucho más costosos entelados, y buena muestra de la aplicación de los procedimientos industriales a las artes decorativas.
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| Salón Amarillo |
Dormitorio del marqués de Cerralbo.
En una sociedad en la que primaban la exhibición y las apariencias, las habitaciones íntimas se concebían con gran austeridad frente a la opulencia y vistosidad de los salones de recibir.
Es el caso de este dormitorio, recreado a partir del inventario de la casa, que cuenta con parte del mobiliario original y con algunas piezas adquiridas en el comercio actual de antigüedades. Consta, como era habitual, de cama con colchón, que podía ser de borra o de lana, una mesilla de noche alta para alojar el orinal, un armario ropero y una cómoda con cajones donde se guardaban cuellos duros, ropa interior, chalecos o guantes, en este caso con la doble función de escritorio. Relacionados con el aseo diario encontramos una barbera –espejo de inclinación regulable para afeitarse la barba y arreglarse el bigote– y un aguamanil de loza estampada compuesto de jarro y palangana.
En el sillón isabelino junto a los pies de la cama, falleció el Marqués el 27 de agosto de 1922.
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| Dormitorio del Marqués de Cerralbo. |
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| Dormitorio del Marqués de Cerralbo. |
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| Dormitorio del Marqués de Cerralbo. |
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| Dormitorio del Marqués de Cerralbo. |
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| Dormitorio del Marqués de Cerralbo. |
Gran Portal y Escalera de Honor.
El zaguán está dotado, como otros muchos portales de Madrid, de dos enormes puertas gemelas cuya función, hoy olvidada, era permitir el acceso de los carruajes de invitados y proveedores por una de ellas y la salida por la contraria facilitando así las complicadas maniobras con las caballerías. Por el contrario, los coches de la casa continuaban el trayecto hasta el arranque de la escalera y, una vez allí, los señores podían descender con comodidad, mientras que el cochero accedía al patio interior donde estaban las caballerizas y el guadarnés.
La Escalera de Honor era uno de los espacios más escenográficos en estos palacetes decimonónicos; en ella era importante exaltar el prestigio social de los propietarios de la casa.
En la del palacio Cerralbo destacan la barandilla de hierro forjado que perteneció al antiguo Monasterio de las Salesas Reales de la reina Bárbara de Braganza y el gran escudo con las armas del matrimonio Cerralbo, enmarcado entre dos tapices del siglo xvii: uno bruselense con escudos cuartelados de los Carvajal, Padilla, Acuña y Enríquez, y otro de Pastrana con las armas de los Silva, Mendoza y de la Cerda.
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| Escalera de Honor. |
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| Escalera de Honor. |
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| Escalera de Honor. |
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| Escalera de Honor. |
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| Escalera de Honor. |
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| Escalera de Honor. |
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| Escalera de Honor. |
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| Escalera de Honor. |
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| Escalera de Honor. |
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| Escalera de Honor. |
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| Escalera de Honor. |
Armería.
Lugar destinado a la recepción de los invitados donde se celebraba la ceremonia del besamanos, la ambientación evoca las salas de armas medievales y nos traslada al marco de las nobles gestas en las que participaron los antepasados de la familia. De inspiración gótica son también los motivos decorativos de la consola con espejo y las galerías de sobrepuerta, estilo del que participan dos sitiales situados junto a la puerta pretendiendo emular el salón del trono de un castillo medieval. Armas y armaduras flanquean las paredes y forman armónicos conjuntos que, junto con los escudos heráldicos del techo, en escayola pintada, y el repostero de fieltro, dan sobrada noticia del rancio abolengo del dueño de la casa.
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| Armería. |
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| Armería. |
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| Armería. |
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| Armería. |
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| Armería. |
Comunicando directamente con la Armería se encuentra la Sala del Baño. Una habitación en la que predomina la exhibición por encima del sentido práctico. Es importante recordar que hasta el último tercio del xix no fueron habituales los cuartos de baño concebidos como estancias independientes. La posesión de una habitación exclusiva con bañera de mármol, grifería de agua caliente y fría y desagüe suponía un alarde de confort del que quisieron hacer gala los propietarios de la casa.
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| Sala de baño. |
Sala Árabe.
Los términos gabinete oriental o sala turca, y otras opciones similares dan nombre a un mismo tipo de estancia, puesta de moda en toda Europa en el siglo xix, asociada al consumo del tabaco y, por tanto, de uso fundamentalmente masculino. Sus paredes forradas de kilims y suelos y muebles tapizados de alfombras pretendían evocar las jaimas de los nómadas del desierto. En ellas también tienen cabida curiosidades y objetos de colección, especialmente armas y armaduras, pero también, como aquí, instrumentos musicales o restos de especímenes raros como el apéndice de un pez sierra. La decoración neoárabe de los paramentos y los objetos reunidos en este gabinete o fumoir procedentes de China, Japón, Filipinas, Marruecos o Nueva Zelanda son, por tanto, consecuencia de ese gusto por lo exótico heredado del Romanticismo. Exotismo y orientalismo son dos cualidades que se conjugan en la decoración de estos salones que en Madrid van a proliferar hasta bien entrado el siglo xx, a imitación del Gabinete Árabe, ideado por Rafael Contreras para el Palacio Real de Aranjuez.
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| Sala Árabe. |
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| Sala Árabe. |
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| Sala Árabe. |
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| Sala Árabe. |
Salón de Columnitas.
Este salón, testigo del afán coleccionista del marqués de Cerralbo, tuvo la función de fumoir, lugar donde los caballeros se reunían a hablar de negocios o a comentar los acontecimientos de la convulsa política decimonónica mientras fumaban. La denominación de Sala de las Columnitas se debe al conjunto dispuesto sobre la mesa central. Una gran variedad de figurillas, procedentes de la cultura egipcia, griega, etrusca y romana junto a otras de la Edad Moderna, realizadas en terracota, mármol y bronce, se erigen sobre otras tantas columnillas de ágata, alabastro, mármoles de colores y madera dorada, a modo de pequeños monumentos. La opulencia y acumulación de objetos, junto con los cuadros cubriendo la totalidad de las paredes –antaño sobre papel de imitación de guadamecí–, nos transporta a las estancias del siglo XVII. El conjunto pictórico está centrado, fundamentalmente, en la escuela barroca madrileña. Es también barroco el estilo que prima en el mobiliario, las papeleras napolitanas con aplicaciones de ébano y concha –dispuestas en parejas según la costumbre de colocar estos muebles en grupos de dos–, el escritorio de tipo salmantino y el espejo veneciano con aplicaciones de nácar sobre la chimenea.
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| Sala de las Columnitas. |
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| Sala de las Columnitas. |
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| Sala de las Columnitas. |
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| Sala de las Columnitas. |
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| Sala de las Columnitas. |
Comedor de Gala.
Aquí tuvieron lugar las cenas de etiqueta y se sirvieron espléndidos buffets en las noches de fiesta y baile. La idea de una gran mesa de comedor, surgida en Inglaterra en el último cuarto del siglo xviii, tardó en difundirse en España. Los primeros ejemplos los encontramos ya bien entrado el siglo xix en los palacios aristocráticos que incluían, en habitaciones creadas ex profeso, estas grandes mesas ligadas al ritual de las llamadas cenas de gala. Los comensales debían combinar la participación en la conversación general, guiada por los anfitriones, con la atención a sus vecinos inmediatos. La elección del protocolo a la francesa sitúa los puestos de presidencia de la mesa en el centro de los lados mayores, enmarcados, en el caso de este comedor, por sendos espejos enfrentados, uno sobre la chimenea y otro entre los balcones.
En cuanto a las formas de servir en esta casa, se seguía también el protocolo a la francesa, tal y como nos informan los menús de distintas celebraciones conservados en el archivo. Cada comensal podía elegir entre la variedad de platos dispuestos simultáneamente sobre la mesa.
En España se practicó hasta finales del siglo xix, aunque poco a poco se fue introduciendo el servicio a la rusa, vigente en Europa desde comienzos del siglo. Éste constaba de un menú de varios platos, los mismos para todos los comensales, que los criados iban sirviendo sucesivamente, siempre por la izquierda, y retirando por la derecha. Las mesas auxiliares o servidoras constituían el apoyo al servicio de la mesa. En los aparadores se exhiben piezas de vajilla en metal plateado, entre las que destacamos los samovares y las curiosas fuentes con tapa e infiernillo para mantener calientes los alimentos.
La iluminación original combinaba las primeras ampollas de luz eléctrica con las velas, y se multiplicaba gracias a la estudiada disposición de los espejos. Los vanos de los balcones permanecían casi siempre cerrados, antaño cubiertos con cortinajes realizados con tapices de escudos heráldicos que por deseo expreso del Marqués fueron trasladados a la capilla funeraria de los Cerralbo en Ciudad Rodrigo (Salamanca).
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| Comedor de gala. |
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| Comedor de gala. |
Salita Imperio.
Esta sala, en origen tocador de la Marquesa, se redecoró hacia 1900 como un gabinete de espejos que recibió el nombre de Saloncito Imperio. Su emplazamiento entre el Salón Vestuario y el Comedor de Gala permite suponer que fue un lugar de paso en el que se detenían las damas para arreglar sus tocados o reposar fugazmente en los cómodos divanes.
Espacio alegre y luminoso, pintado en blanco y en rosa, alejado de la ampulosa solemnidad de las salas adyacentes, evoca la suntuosidad de los palacetes franceses del siglo xviii y principios del siglo xix. En él se recrea un concepto del lujo muy femenino expresado mediante los estilos rococó o Luis XV, neoclásico o Luis XVI y el estilo imperio en menor medida, tanto en la decoración como en el mobiliario; este eclecticismo es característico de las últimas décadas del siglo xix. Boiseries con grecas neoclásicas configuran una ambientación a la francesa en la que abundan los espejos, de talla dorada o de cristal veneciano, colgados en las paredes y falsos chaflanes. Las consolas y el velador acogen un amplio repertorio de objetos ornamentales: relojes, jarrones, jardineras, candeleros y candelabros de bronce, cristal y porcelana. El diseño floral predomina en las cortinas, guardamalletas y tapicerías.
En el interior de las puertas se encuadran los lienzos que pintaran para este ambiente José Soriano Fort y Máximo Juderías Caballero, artistas protegidos por el Marqués que colaboraron en la decoración del palacio de su mecenas. Las flores y las alegorías de las cuatro estaciones refuerzan con su belleza la singularidad de este saloncito que nació en homenaje a la marquesa de Cerralbo.
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| Salita Imperio. |
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| Salita Imperio. |
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| Salita Imperio. |
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| Salita Imperio. |
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| Salita Imperio. |
Salón Billar.
Este salón debió utilizarse como lugar de apoyo al servicio del comedor; así lo testimonian la presencia de una polea que comunicaba con la gran cocina del sótano y que todavía hoy se conserva tras una angosta puerta situada entre los divanes, y la presencia del filtro de agua coronado por una copa de alabastro labrado.
No obstante, por encima de esa función utilitaria prima la del esparcimiento, centrada en el juego del billar, ejercicio favorito de los caballeros del siglo xix. Preside la sala una
espectacular mesa de carambolas. El resto del mobiliario se distribuye en función del juego con asientos altos o canapés de billar dotados de reposapiés escamoteables, gracias a los cuales las damas podían seguir con comodidad la marcha de la partida. La luz, procedente de una lámpara horizontal, ilumina toda la mesa por igual y concentra, gracias a sus tulipas, la atención sobre el tapete dejando en penumbra el resto de la estancia.
Retratos de damas y caballeros de diversas épocas y escuelas y desigual maestría visten sus paramentos.
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| Salón Billar. |
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| Salón Billar. |
Salón Chaflán.
A continuación del Salón Billar se encuentra otra estancia dedicada al esparcimiento que debe su nombre al perfil que se genera en la fachada del edificio por la confluencia de las calles de Ferraz y de Ventura Rodríguez.
Es una habitación concebida para la tertulia, los cuchicheos y el descanso entre baile y baile.
La decoración plástica corrió a cargo de Máximo Juderías (1867-1951), autor de los motivos escultóricos y de la mayor parte de las escenas pictóricas, tanto las situadas en el techo, alusivas a la Música y a la Pintura, como las de las paredes que representan el descanso del mediodía en la siega, el amanecer a orillas del río Jalón y el jardín del palacio de Santa Mª de Huerta en Soria, destino veraniego de la familia Cerralbo; mientras que el baile popular en la huerta valenciana es obra de José Soriano (1873-1937).
La sillería, estilo regencia, propicia la tertulia en corrillos. El pavimento de baldosa hidráulica, innovación técnica que irrumpe en los interiores burgueses decimonónicos, está cubierto por una alfombra de la manufactura francesa de Aubusson del siglo xix, de donde también proceden los guardamalletas de los balcones.
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| Salón Chaflán. |
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| Salón Chaflán. |
Galería Segunda.
La segunda galería, decorada con un conjunto de muebles italianos, inspirados en las producciones del barroco florentino –mesa, sillas y escaparate–, realizados a finales del siglo xix en madera ebonizada con motivos decorativos chapeados en marfil, está presidida por el cuadro de La Piedad, pintado en torno a 1660 por Alonso Cano y, al otro lado, por una “Alegoría sobre la muerte que a todos alcanza” de Pietro Paolini (1603-1682), considerada en época del marqués como obra de Caravaggio, tal y como reza en su cartela original.
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| Galería Segunda. |
Galería Tercera.
En la tercera galería se encuentra el aseo de invitados con un curioso cubre bacín de madera y un lavabo de mármol. A lo largo de esta última galería se distribuyen escritorios de tipología salmantina que alternan con arcones neorrenacentistas y arquetas de diferentes procedencias, bustos de mármol y grandes espejos con molduras de talla dorada. Los balcones abiertos a la escalera incitaban a los invitados más puntuales a asomarse a contemplar el paulatino ascenso del resto de los convidados, a la vez que dejaban escapar los acordes de la orquesta situada en la tribuna de músicos del cercano Salón de Baile.
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| Galería Tercera. |
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| Galería Tercera. |
Salón de Baile.
Decorado con paneles de ágata de Granada, mármoles de los Pirineos y grandes espejos venecianos que multiplican luces y reflejos hasta el infinito, el Salón de Baile constituye el broche final de nuestro recorrido.
Las pinturas del techo, realizadas al óleo por Juderías Caballero entre 1891 y 1892, son una de las pocas concesiones al arte contemporáneo que encontramos en el Palacio. No obstante, como podemos observar, esta aportación se inscribe en un estilo profundamente academicista muy lejano de los derroteros por los que se movían las vanguardias pictóricas del momento, pero que encaja a la perfección con la ambientación historicista del palacio y contribuye a crear una peculiar atmósfera de esplendor y brillantez en un lugar concebido para el divertimento en el que todo está pensado en función del baile. La escena central representa la danza de los dioses y a su alrededor interpretaciones del baile a lo largo de la Historia. Esta idea de “templo de la danza” queda subrayada con la incorporación de los bustos al estilo romano distribuidos entre los asientos: divanes y sillas volantes tapizadas con sedas de Lyon. En este salón tuvieron lugar, además, importantes exposiciones de Arqueología y Numismática y veladas literarias.
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| Salón de Baile. |
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| Salón de Baile. |
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| Salón de Baile. |
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| Salón de Baile. |
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| Salón de Baile. |

















































































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