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martes, 5 de octubre de 2021

Ermita del Humilladero. Guadalupe. Cáceres. Extremadura.

La Ermita del Humilladero es una ermita situada en el municipio de Guadalupe, provincia de Cáceres. Se sitúa en el cerro de las Altamiras, a unos 4 kilómetros de la puebla y constituye un excelente mirador.

La ermita del Humilladero, cuyo verdadero nombre es de la Santa Cruz, fue comenzada a finales del siglo XV para que los peregrinos pudieran orar al ver el santuario de Guadalupe. Miguel de Cervantes trajo aquí sus cadenas de cautiverio en Argel, para ofrenda de la virgen de Guadalupe.

Está construida en ladrillo aplantillado y tiene bóveda de crucería. Su estilo mudéjar “gótico de ladrillo” se aprecia en sus ventanales de tracería y rosetas. En su construcción se usaron las mismas normas que en el templete del claustro mudéjar del monasterio de Guadalupe. Fue declarada Monumento Nacional en 1931 y Bien de Interés Cultural.

Es parada obligatoria para los peregrinos que se acercan al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe y para los senderistas que la encuentran cuando caminan por alguna de tres rutas que la rodean. Fue construida como un rincón para la oración y el entorno que la rodea facilita el propósito. Se encuentra en lo alto del cerro de las Altamiras y resiste en pie desde el siglo XV, ofreciendo una inigualable panorámica del casco urbano.

Sus formas mudéjares, siguen las mismas normas de contrucción que el impresionante templete que preside el patio de los Milagros del monasterio de Santa María de Guadalupe. Es la última parada antes de llegar al recinto y, ese parecido, anuncia a los viajeros la visión de las maravillas que alberga el santuario al que están a punto de llegar. Los peregrinos paraban aquí para orar bajo la gran bóveda de crucería y, puede, que a deleitarse en la contemplación del paisaje a través del marco que ofrecen los arcos de las ventanas góticas. Hasta aquí llegó Cervantes portando las pesadas cadenas que le mantuvieron preso tras la batalla de Argel, antes de depositarlas en el Monasterio.

 




Guadalupe. Cáceres. Extremadura.

Arco de Sevilla.

Una de las tres puertas, junto con los arcos del Chorro Gordo y San Pedro, que cerraban el primer cinturón defensivo del monasterio, creado en el s. XVI por motivos de seguridad dada la afluencia masiva de peregrinos y la actividad comercial de esta zona. La decoración floral de sus vanos y el conjunto de arquitecturas populares de las viviendas anexas otorgan a este arco una de las estampas más sigulares de la Puebla.


Arco del Tinte.

De influencia mudéjar y prácticamente intacto desde su construcción, daba paso a las antiguas fábricas de tinte, uno de los numerosos gremis que existían en la Puebla. Formaba parte de las puertas que cerraban las pueblas Alta y Baja por varios lugares, confiriendo a la población control de la seguridad y del comercio y una imagen de fortaleza medieval. Arquitectónicamente, descansa sobre dos contrafuertes sujetos sobre casas adyacentes sin arquitecturas residenciales encima, lo que lo diferencia de los demás.




Fuente del Ángel (s. XVI).




Casa de Gil Cordero.

Diversas fuentes reconocen a esta casa como la del pastor cacereño a quien se le apareció por primera vez la Virgen, siéndole encomendada la tarea de construir una choza para colocar su imagen. Su cuerpo yace sepultado en la nave contigua a la sacristía del monasterio, lugar exacto donde según la tradición apareció la talla románica.

Arco de las Eras.

Defendiendo el extremo meridional de la población y restaurado a principios de siglo, suponía la puerta de entrada para los peregrinos y viajeros provenientes del sur y de levante. Formaba parte del segundo cinturón defensivo, el que envolvía a la Puebla. Construido en mampostería de piedra y ladrillo en arcos y vivienda superior, su arquitectura conserva aún restos de las antiguas almenas que protegían su acceso.

Calle de Ruperto Cordero.

Constituye uno de los ejes principales que enlaza la fuente de los Tres Chorros y el arco de las Eras, bajo una tipología de arquitectura serrana con entramado interior. Mantiene los típicos soportales de madera, zona entre lo público de la calle y lo privado de la casa, que protegía de la lluvia y del sol, creando un espacio para el comercio y para dar los servicios necesarios al creciente flujo de visitantes.


Fuente de los Tres Chorros.

Es, junto con la de la plaza principal, la fuente más importante y de mayor significación urbana: en torno a ella y a su plazuela, se articula la trama arquitectónica de la Puebla Baja. Hoy está conectada a la red de suministro de agua, pero antaño lo estuvo a la red de fuentes del Arca del Agua, de la que era una de sus terminales principales, y así aparece en el esquema del códice medieval.




Casas Porticadas.

Se presenta como un conjunto pintoresco de casas tradicionaales de dos plantas sobre viguería de madera de castaño. Estos soportales y cuerpos volados se encuentran sólo en determinadas calles y plazuelas, generalmente las inmediatas a las puertas de entrada, y su origen está relacionado con la protección de la actividad comercial vinculada a la peregrinación; tiendas, mesones, bodegas, boticas y demás establecimientos.


Casa de Gregorio López.

Fue insigne vecino de la Puebla, villa en la que nació a finales del siglo XV y en la que también recibió sepultura tras su muerte en 1560. Alcalde mayor de Guadalupe entre 1520 y 1525, reconocido humanista, jurista, abogado y miembro del Consejo de Indias, editó y glosó las Siete Partidas del rey Alfonso X el Sabio. La fachada de esta casa, blasonada y de sólida portada granítica, presenta un claro estilo señorial y renacentista.


Galería Mudéjar.

Fachada de las denominadas Casas de los Capellanes; una interesante galería porticada de estilo mudéjar que se construyó en el s. XV bajo un proyecto único en el que se trazó la calle Nueva. Aquí se encuentra la conocida como Casa de la Buena Cristiana, donde al parecer vivió una mora de nombre Fátima y de vida ejemplar, que allá por el siglo XV fuera convertida al cristianismo tras liberarse de su cautiverio en Tánger.

Arco de San Pedro.

Testigo del tránsito de peregrinos y viajeros que procedían del norte, este arco formaba parte de una de las tres puertas del primer recinto defensivo del monasterio, el que incluía a la plaza. Para conseguir este cierre se construyeron las puertas en las propias calles, entre casa y casa. Además de defensiva, tenían una función de control administrativo y fiscal de la Puebla. El arco presenta en su frente norte la imagen de San Pedro, del que toma su nombre.

Hospital de Mujeres.

También conocido en sus orígenes como Hospital Nuevo, fue fundado entre los años 1435 a 1447, gracias a las donaciones realizadas por el rico herrero local Julián Jiménez de Córdoba antes de ingresar como fraile en la orden de San Jerónimo. Junto al de San Juan Bautista, eran los principales hospitales fuera del monasterio, del que no obstante dependían, destinándose este a las mujeres peregrinas y necesitadas, cada vez más numerosas, que venían a Guadalupe.

Hospital de San Sebastián.

Fue creado por la antigua cofradía de San Sebastián para dar acogida y asistencia a los peregrinos pobres y cofrades enfermos. Mantiene aún en su portada sencillas molduras policromadas de traza gótico mudéjar, siguiendo el estilo tan característico que predomina en Guadalupe.

Cárcel de la Inquisición.

La cárcel, ya desaparecida, fue una antigua propiedad del monasterio. Alcanzaría protagonismo cuando en 1485 un tribunal de la Inquisición decidió reprimir la herejía de los conversos judaizantes jerónimos del monasterio de Guadalupe y de los herejes laicos de la Puebla. En aquel juicio se castigó con la hoguera a 52 judaizantes, 16 a cárcel perpetua y más de un centenar al destierro.

Calles Pasión y San Sebastián.


Hospedería del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe.

La Hospedería del Real Monasterio de Guadalupe está situada en el claustro gótico, construido en el S. XVI, formando parte del  gran conjunto Arquitectónico del Monasterio Extremeño.

En 1993 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.


Parador Nacional de Guadalupe. Guadalupe. Cáceres. Extremadura.

Frente al monasterio mudéjar, uno de los más importantes de la España medieval, se encuentra el Parador de Guadalupe. Las estrechas callejuelas y los tejados rojos de “la Puebla”, así como la villa que surgió en torno al monasterio, parecen suspendidos en otro tiempo y envueltos todavía en un aura sosegada y mística.

EL EDIFICIO

Tejas árabes, blanco inmaculado en sus muros y azulejos verdes de estilo mudéjar dan un impresionante aire monacal al edificio que alberga al Parador. Un evocador ambiente que nos recuerda la función de los dos edificios de los siglos XIV y XV que, unidos, se convirtieron en parador en 1965: el Hospital de San Juan Bautista u Hospital de Hombres y el Colegio de Infantes o de Gramática. Ambos dependían del monasterio y simbolizan los dos pilares del saber medieval: el humanismo y la ciencia. El actual parador es un magnífico ejemplo de recuperación ya que, uno y otro, se encontraban en estado ruinoso y ocupados por viviendas humildes y talleres. Su rehabilitación salvó lo que de primitivo quedaba en ellos (donde destaca la escalera), devolvió a sus patios su aspecto original y recuperó antiguas técnicas de construcción mudéjar a base de cal, barro y madera, en una intervención asesorada por los técnicos de Bellas Artes que al mismo tiempo estaban restaurando el monasterio.

LOS FRATRES PHISICI

El Hospital de San Juan que ocupa parte del actual Parador fue uno de los centros con más prestigio científico de la época. Sólo allí, los monjes, llamados fratres phisici, podían ejercer la medicina y formar a los legos que, además, se encargaban de la botica, el herbolario y el jardín del hospital. Junto a ellos, lo que era muy inusual en la época, trabajaban médicos laicos. El hospital fue, además, la primera y única escuela de cirujanos de España y reunió una valiosísima biblioteca médica. Su influencia llegó a todo el sudoeste peninsular e incluso a la Corte. Tenía 80 camas, a las que tenían derecho los habitantes del lugar, excepto los enfermos crónicos. El hospital se organizaba en torno a dos claustros. En el primero había cuatro salas: la primera para colegiales, capellanes y donados, la segunda para heridos, la tercera para enfermos de calenturas y la cuarta para los enfermos más graves. El otro claustro, aparte, era para los enfermos contagiosos, sobre todo los sifilíticos, uno de los males de la época.

LA INTIMIDAD DE SUS ESPACIOS ABIERTOS

En el parador destacan sobre todo sus espacios abiertos. Tiene un patio a modo de claustro cerrado por unos arcos de inspiración árabe y cubiertos por celosías que proporcionan una luz tamizada al piso superior pero, sobre todo, tiene en la parte de atrás un precioso jardín con solería tradicional, juegos de agua y pequeño huerto. Es un espacio pequeño pero muy especial que recuerda, por un lado, el de una villa rural, pero, por otro, el entorno mudéjar de Guadalupe en su larguísimo estanque a modo de acequia, los remates decorativos vidriados en verde y los dos niveles que marcan la diferencia entre el huerto y el patio.