viernes, 27 de enero de 2023

Rio Puerco Truss Bridge. Ruta 66. Albuquerque. Nuevo Mexico. EEUU.

La construcción de este puente comenzó en 1933 y se inauguró en 1934. Su finalización permitió terminar el corte de Laguna en 1937. El puente se modernizó en 1957 y se incluyó en el Registro Nacional de Lugares Históricos en 1999.

Ø Identificación: Rio Puerco Truss Bridge. Puente de armadura metálica (through truss) sobre el río Puerco, en el trazado histórico de la US Route 66, al oeste de Albuquerque, Nuevo México, Estados Unidos.

Ø Año de construcción: 1933, durante el período del New Deal y en el contexto de los programas federales de inversión en infraestructura pública que el gobierno Roosevelt puso en marcha para combatir la Gran Depresión.

Ø Tipo estructural: Through truss bridge (puente de armadura de paso inferior). Vano único de aproximadamente 49 metros. Acero remachado en la armadura metálica, hormigón en masa en los estribos y cimentaciones.

Ø Función histórica: Cruce permanente del río Puerco en el corredor de la Route 66, sustituyendo el vado previo que era impracticable durante las crecidas del río. Permaneció en servicio activo desde su apertura en 1933 hasta la desclasificación de la Route 66 en Nuevo México en 1981.

Ø Cierre al tráfico: 1981, con la desclasificación oficial de la US Route 66.

Ø Reconocimiento patrimonial: Incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos de los Estados Unidos. Protegido como elemento del patrimonio viario histórico de la Route 66 en Nuevo México.

Ø Valor histórico: El puente documenta tres capas históricas simultáneas: la historia de la ingeniería viaria americana del período de entreguerras, con sus soluciones técnicas características de armadura metálica y hormigón; la historia de la Route 66 como arteria de comunicación continental y como símbolo cultural de la América del siglo XX; y la historia geográfica y cultural del suroeste americano, donde el cruce del río Puerco fue durante siglos uno de los puntos de mayor dificultad en las rutas de comunicación del territorio.

Ø Valor artístico y paisajístico: La estructura metálica del puente posee una belleza funcional característica de la ingeniería industrial del período, potenciada por la patina del envejecimiento y por el diálogo visual entre la geometría metálica y el paisaje desértico del suroeste americano. Es uno de los objetos más fotografiados del tramo neomexicano de la Route 66 y un icono visual de la carretera histórica en sus representaciones contemporáneas.

Ø Estado de conservación y perspectivas: El puente se encuentra en estado de deterioro progresivo, resultado del cese del mantenimiento regular tras su cierre al tráfico. Las organizaciones de preservación de la Route 66 y las autoridades patrimoniales de Nuevo México trabajan para garantizar su conservación como monumento histórico. La legislación federal de infraestructuras de 2021 abre nuevas posibilidades de financiación para su preservación o eventual recuperación funcional como elemento del itinerario histórico de la Route 66.

 

El Rio Puerco Truss Bridge: Historia, Arte y Memoria de un Puente en la Ruta 66

 

Historia

El río Puerco y el paisaje del suroeste americano

Para entender la historia del Rio Puerco Truss Bridge es imprescindible conocer primero el territorio que lo rodea y el río sobre el que fue construido, porque ese paisaje —árido, vasto, de una belleza severa que no concede fácilmente sus secretos al viajero que pasa a toda velocidad— es el contexto geográfico que determina tanto la necesidad del puente como su significado histórico. El río Puerco —cuyo nombre en español significa literalmente "cerdo" o "sucio", una denominación que refleja el color turbio y lodoso de sus aguas durante las tormentas, cuando arrastra grandes cantidades de sedimento desde las mesetas y los cañones que drenan hacia su cauce— es un afluente del río Grande que discurre por el centro del estado de Nuevo México en dirección aproximadamente norte-sur antes de desembocar en el Grande al sur de Albuquerque.

El río Puerco es, durante gran parte del año, un cauce casi seco: una franja de arena y grava pálida que serpentea por el fondo de un valle de paredes bajas esculpidas en la arenisca roja y amarilla que caracteriza a la geología del suroeste americano. Esta condición de río intermitente —o ephemeral stream, en la terminología hidrológica anglosajona— es característica de los cursos de agua del Desierto de Chihuahua y del altiplano de Nuevo México, donde la precipitación es escasa e irregular y los ríos solo llevan agua de manera continua en los meses más húmedos del año o después de las tormentas monzónicas del verano. Sin embargo, esa apariencia de sequedad puede ser engañosa: cuando las tormentas del monzón descargan sobre las cuencas de captación del Puerco, el caudal puede crecer en pocas horas de un hilo de agua a una corriente violenta y cargada de sedimento que desborda sus márgenes y que puede ser peligrosa para los cruces no protegidos.

Esta dualidad entre la sequedad habitual y la violencia ocasional de las crecidas fue el problema que los ingenieros y los planificadores de carreteras tuvieron que resolver cuando, a principios del siglo XX, fue necesario cruzar el río Puerco con una vía de comunicación moderna. Los cruces informales del río —mediante vados de arena y grava que funcionaban perfectamente durante los meses secos pero que se hacían intransitables durante las crecidas— eran inadecuados para el tráfico regular de vehículos motorizados que el desarrollo de la automoción americana estaba generando. La solución era un puente permanente capaz de superar el nivel de las crecidas y de proporcionar un cruce seguro y continuo durante todas las estaciones del año.

El paisaje que rodea el río Puerco en su cruce con la ruta que después sería designada US Route 66 es uno de los más característicos y más fotogénicos del suroeste americano. La llanura aluvial del río se abre entre formaciones de arenisca del período Triásico y Jurásico que han sido modeladas por millones de años de erosión eólica e hídrica hasta crear las mesas, los pinnacles y los badlands que son tan representativos de la iconografía visual del Far West americano. Las rocas de colores —el rojo óxido de la arenisca ferrosa, el amarillo de la arenisca silícea, el blanco del yeso y la cal— crean un paisaje policromo que la luz del suroeste —intensa, directa, con pocas nubes que la filtren— convierte en un espectáculo visual de gran poder estético. Este paisaje fue y sigue siendo uno de los atractivos de la Ruta 66 para los viajeros que la recorren buscando la experiencia de un oeste americano que el cine y la literatura han mitificado pero que la geografía real de Nuevo México supera a menudo en belleza y en dramatismo.

Los orígenes de la Ruta 66 y la necesidad de infraestructura

La Ruta 66 —esa arteria mítica que en el imaginario americano y mundial encarna mejor que ninguna otra vía de comunicación el sueño de la libertad y del movimiento— no nació de la nada ni fue el resultado de una planificación visionaria que anticipara su destino legendario. Fue el producto de un proceso gradual y en gran medida improvisado de organización de una red de caminos que existían en diferentes estados de conservación y de pavimentación a lo largo del corredor que conecta el Midwest con el Pacífico. El 11 de noviembre de 1926 —la fecha oficial de la designación de la US Route 66 por el sistema federal de carreteras americano—, lo que quedó bautizado como Route 66 era en muchos tramos poco más que una serie de caminos de tierra y de grava que necesitaban urgentemente mejoras de pavimentación, puentes sobre los ríos y señalización regular para ser útiles al tráfico motorizado moderno.

Nuevo México fue uno de los estados en los que la US Route 66 encontró los retos de infraestructura más significativos. El estado, que había sido admitido en la Unión solo en 1912 —el penúltimo de los cuarenta y ocho estados contiguos en alcanzar ese estatus—, carecía de la red de carreteras desarrollada que los estados del Este ya tenían, y sus condiciones geográficas —alturas superiores a los dos mil metros sobre el nivel del mar, ríos intermitentes pero peligrosos en época de crecidas, suelos de arcilla expansiva que se deformaban con los ciclos de humedad y sequedad, paisajes desérticos de gran extensión y escasa densidad de población— hacían la construcción y el mantenimiento de carreteras especialmente costosos y técnicamente desafiantes.

El corredor de la Route 66 en Nuevo México seguía en sus primeros años el trazado de caminos y sendas que habían existido durante siglos como rutas de comercio y de comunicación entre los pueblos indígenas del suroeste y, más recientemente, como las rutas que los colonizadores españoles y posteriormente americanos habían utilizado para cruzar el territorio. El Camino Real de Tierra Adentro —la antigua ruta colonial española que conectaba el Virreinato de Nueva España con sus provincias septentrionales— y el Santa Fe Trail —la ruta comercial que los traders americanos habían utilizado desde principios del siglo XIX para llevar mercancías desde Missouri hasta Santa Fe— fueron en parte los predecesores históricos del corredor que la Route 66 recogería y modernizaría en el siglo XX.

El cruce del río Puerco era uno de los puntos de mayor dificultad en el trayecto de la Route 66 por Nuevo México. El vado que existía en ese punto antes de la construcción del puente era practicable en condiciones normales, pero las crecidas periódicas del río lo hacían peligroso o directamente impracticable durante días o semanas cada año. Para los conductores que intentaban atravesar el continente de este a oeste o de oeste a este, el cruce del Puerco era uno de esos puntos de incertidumbre que podían frustrar el viaje o añadir retrasos imprevistos. La construcción de un puente permanente era, por tanto, no solo una mejora de la infraestructura local sino una condición necesaria para que la Route 66 pudiera funcionar como el eje de comunicación continental que se proponía ser.

La construcción del puente: contexto técnico y económico

El Rio Puerco Truss Bridge fue construido en 1933, en uno de los momentos más difíciles de la historia económica de los Estados Unidos: el punto álgido de la Gran Depresión que siguió al crack bursátil de octubre de 1929. Esta coincidencia cronológica no es trivial, porque la política de obras públicas que el gobierno de Franklin Delano Roosevelt impulsó a través del New Deal fue el contexto directo en que muchos de los proyectos de infraestructura de carreteras de este período fueron financiados y ejecutados. La construcción de puentes, carreteras y otras obras de infraestructura pública fue uno de los instrumentos preferidos de la política keynesiana del New Deal para estimular la economía, proporcionar empleo a los desocupados y modernizar las infraestructuras de un país que la Gran Depresión había sumido en el estancamiento.

El Federal Highway Act y los programas asociados de financiación de obras públicas proporcionaron los recursos económicos para que estados como Nuevo México pudieran acometer proyectos de infraestructura que de otro modo habrían superado sus capacidades fiscales. El Departamento de Carreteras de Nuevo México —el New Mexico State Highway Department— fue el organismo responsable de la planificación, el diseño y la supervisión de la construcción del puente, trabajando en coordinación con el Bureau of Public Roads del gobierno federal, que establecía los estándares técnicos y controlaba el uso de los fondos federales.

El tipo de estructura elegido para el puente —el truss bridge o puente de armadura— era en la primera mitad del siglo XX la solución estándar para los puentes de carretera de vano medio en los Estados Unidos. La armadura —o truss— es un sistema estructural formado por elementos lineales (vigas, tirantes, montantes) que trabajan fundamentalmente a tracción o a compresión y que, organizados en triángulos rígidos, pueden cubrir vanos considerables con un consumo de material relativamente económico. Este sistema, que fue desarrollado en el siglo XIX para los puentes de ferrocarril y que la ingeniería del siglo XX adaptó para los puentes de carretera, ofrecía ventajas importantes sobre los puentes de viga simple —mayor rigidez, menor peso por unidad de vano— y sobre los puentes de arco —mayor economía en la cimentación, ya que las armaduras no generan empujes horizontales que requieran estribos de gran robustez.

Los ingenieros que diseñaron el Rio Puerco Truss Bridge optaron por una configuración específica de armadura conocida como through truss —armadura de paso inferior—, en la que el tablero del puente se apoya en la parte baja de la estructura de armadura y el viajero que cruza el puente tiene a sus lados y por encima de él los elementos metálicos de la armadura, en lugar de pasar por encima de ella. Esta configuración —opuesta a la del pony truss o deck truss, en las que el tablero se sitúa en la parte alta o media de la armadura respectivamente— era habitual en los puentes de vano mayor y ofrecía la ventaja de bajar el nivel del tablero sobre el terreno, reduciendo la altura de los accesos en rampa.

La construcción del puente utilizó el acero como material estructural principal —un reflejo del papel que la industria del acero americana jugaba en los proyectos de infraestructura de la época—, complementado con el hormigón en las cimentaciones, los estribos y los pilares que sostienen las armaduras metálicas sobre el cauce del río. La combinación de acero y hormigón era en los años treinta del siglo XX la solución técnica dominante en la construcción de puentes americanos, y el Rio Puerco Truss Bridge es un ejemplo representativo de esa práctica constructiva.

El puente en el contexto de la Ruta 66: función y significado

Cuando el Rio Puerco Truss Bridge abrió al tráfico en 1933, la Route 66 estaba todavía en proceso de completar su pavimentación a lo largo de todo su recorrido desde Chicago hasta Santa Mónica. El tramo de Nuevo México era uno de los más problemáticos en términos de calidad de la pavimentación y de infraestructura de apoyo, y la apertura del puente sobre el Puerco fue un paso importante en la mejora del corredor. Para los conductores que hacían el viaje transcontinental, el puente representaba la eliminación de uno de los obstáculos más frustrantes del trayecto por Nuevo México: ya no era necesario esperar a que las aguas del Puerco bajaran lo suficiente para vadearlo o desviarse por caminos alternativos cuando el río estaba en crecida.

La función del puente en el sistema de la Route 66 no era solo técnica sino también simbólica. Los puentes en la tradición americana de la carretera son objetos de una carga cultural significativa: representan la capacidad de la civilización para superar los obstáculos de la naturaleza, la victoria de la ingeniería humana sobre la geografía impredecible del continente. Para los migrantes del Dust Bowl que en los años treinta recorrían la Route 66 en busca de trabajo y de un futuro en California —los Okies que John Steinbeck inmortalizó en Las uvas de la ira—, cruzar el Puerco por el nuevo puente era uno de los momentos de ese viaje en el que la infraestructura moderna de América se hacía presente y tangible como promesa de un futuro mejor.

El período de mayor tráfico del puente coincidió con las décadas de apogeo de la Route 66: los años cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo XX, cuando la carretera se convirtió en el eje del turismo americano por excelencia. Después de la Segunda Guerra Mundial, la prosperidad económica americana y la masificación del automóvil particular convirtieron el viaje por carretera en una experiencia recreativa que millones de familias americanas adoptaron como forma de vacaciones. La Route 66 —con su cadena de moteles, gasolineras, restaurantes de cocina regional y tiendas de souvenirs que jalonaban todo su recorrido— fue el escenario preferido de ese turismo automovilístico, y el puente sobre el Puerco era uno de los puntos del trayecto en que la magnitud del paisaje del suroeste americano se hacía más visible e impactante.

Los camioneros que transportaban mercancías entre el Midwest y la Costa Oeste también dependían del puente como punto de cruce del Puerco. El camión de carga —cuyo peso y cuyas dimensiones superaban con mucho las de los automóviles de pasajeros— era el usuario más exigente de la infraestructura viaria, y el diseño del puente tenía que tener en cuenta las cargas que los vehículos pesados impondrían sobre la estructura. Las especificaciones de carga que los puentes de la Route 66 de los años treinta debían cumplir reflejaban las características del parque vehicular de la época, que estaba experimentando una transición hacia camiones de mayor capacidad y mayor peso que los que habían circulado en las décadas anteriores.

La decadencia de la Route 66 y el impacto sobre el puente

La historia del Rio Puerco Truss Bridge después de su construcción es en gran medida la historia de la propia Route 66: una narrativa de decadencia gradual que siguió de cerca el declive de la carretera como arteria principal del tráfico transcontinental americano. Ese declive fue consecuencia directa de la decisión política e infraestructural más importante de la historia viaria americana del siglo XX: la construcción del sistema de Interestatales (Interstate Highway System), iniciada en 1956 con el Federal-Aid Highway Act firmado por el presidente Eisenhower.

El Interstate Highway System fue concebido como una red de autopistas de alta velocidad, con acceso controlado —sin intersecciones a nivel, sin semáforos, sin pasos de peatones— que permitiera el tráfico de larga distancia a velocidades muy superiores a las que la Route 66 y las demás carreteras US podían ofrecer. La red de Interestatales tenía también una justificación de seguridad nacional —fue diseñada en parte con criterios de evacuación civil en caso de ataque nuclear— que le confería en el contexto de la Guerra Fría una dimensión estratégica que facilitó su financiación federal.

Para Nuevo México, la interestatal que reemplazó a la Route 66 fue la I-40, que en su tramo entre Albuquerque y la frontera con Arizona siguió un corredor similar pero no idéntico al de la Route 66. La apertura progresiva de la I-40 durante los años sesenta y setenta fue desviando el tráfico de la Route 66, que fue perdiendo conductores, clientes y razón de ser como arteria de comunicación a medida que la autopista paralela ofrecía una alternativa más rápida, más segura y más eficiente. Para los negocios que dependían del tráfico de la Route 66 —los moteles, los restaurantes, las gasolineras—, la apertura de la I-40 fue una catástrofe económica que cerró decenas de establecimientos y devastó las economías de pequeñas ciudades que habían prosperado durante décadas gracias al tráfico de la carretera.

El puente sobre el Puerco quedó fuera de servicio para el tráfico general en 1981, cuando la US Route 66 fue oficialmente desclasificada en Nuevo México y el tráfico que todavía circulaba por el corredor fue desviado definitivamente hacia la I-40. En ese momento, el puente pasó de ser una infraestructura activa a ser un objeto histórico: un artefacto de acero y hormigón que documentaba una época de la historia americana que había concluido. Este cambio de función —de infraestructura a monumento— es uno de los procesos más interesantes de la historia de los objetos construidos, y el puente sobre el Puerco lo ilustra con particular claridad.

La desclasificación de la Route 66 y el nacimiento de la cultura de la carretera histórica

La desclasificación de la US Route 66 —que se realizó de manera progresiva entre 1976 y 1985, cuando el último tramo de la carretera fue eliminado del sistema federal de numeración de carreteras— fue un acto administrativo de consecuencias culturales mucho mayores de las que sus autores probablemente anticiparon. En lugar de convertirse en el simple cierre de un capítulo de la historia viaria americana, la desclasificación desencadenó un movimiento de preservación y de nostalgia cultural que convirtió a la Route 66 en una de las marcas culturales más reconocibles no solo de los Estados Unidos sino del mundo entero.

El movimiento de preservación de la Route 66 nació en Nuevo México, el estado que fue el primero en desclasificar su tramo de la carretera. En 1987 —apenas dos años después de la desclasificación completa—, se fundó la Historic Route 66 Association of Arizona, seguida en 1990 por la Illinois Route 66 Association y en 1992 por la National Historic Route 66 Federation, una organización paraguas que coordina los esfuerzos de preservación en todos los estados por los que la carretera discurría. Estas organizaciones comenzaron a catalogar los edificios, puentes, señales y otros elementos de la cultura material de la Route 66 que habían sobrevivido al declive de la carretera, a promover su designación como monumentos históricos, y a desarrollar el turismo cultural de la Route 66 como forma de proporcionar recursos económicos para su preservación.

La inclusión del Rio Puerco Truss Bridge en el Registro Nacional de Lugares Históricos (National Register of Historic Places) fue parte de este proceso de reconocimiento patrimonial que la cultura americana desarrolló hacia la Route 66 y sus elementos asociados a lo largo de las décadas de 1980, 1990 y 2000. El Registro Nacional de Lugares Históricos, administrado por el National Park Service, es el catálogo oficial de los lugares, edificios, estructuras, objetos y distritos que son considerados dignos de preservación por su significado histórico, arquitectónico, arqueológico o cultural. La inclusión en el Registro no implica automáticamente la financiación de la preservación ni restringe el uso del bien catalogado, pero proporciona reconocimiento oficial y abre el acceso a ciertos mecanismos de financiación federal para la conservación.

La designación del tramo de la Route 66 en Nuevo México —incluyendo el puente sobre el Puerco— como All American Road en el marco del National Scenic Byways Program fue otro hito en el proceso de reconocimiento patrimonial de la carretera. Los National Scenic Byways y las All American Roads son carreteras designadas por el Departamento de Transporte federal por sus valores escénicos, naturales, recreativos, culturales, históricos y arqueológicos. La designación de la Route 66 en esta categoría fue en cierto modo paradójica —se estaba reconociendo como valiosa una carretera que el propio sistema federal había contribuido a hacer obsoleta con la construcción de las Interestatales— pero reflejaba la creciente comprensión de que el patrimonio viario histórico tiene un valor cultural y turístico que merece ser preservado.

La estructura de la Route 66 en Nuevo México y el entorno del puente

El tramo de la Route 66 que atraviesa el territorio entre Albuquerque y la frontera de Arizona es uno de los más espectaculares de toda la carretera en términos de paisaje y de diversidad geográfica. Desde las alturas del East Mesa de Albuquerque, la carretera desciende hacia el valle del río Puerco y luego asciende hacia la meseta que precede a la ciudad de Gallup, ofreciendo a lo largo de ese trayecto vistas que alternan entre la inmensidad del paisaje desértico, las formaciones rocosas de colores y las comunidades de las Naciones Nativas que han habitado este territorio durante milenios.

El entorno inmediato del puente sobre el Puerco incluye algunos de los elementos paisajísticos más característicos del suroeste de Nuevo México: el cauce amplio y arenoso del río, flanqueado por álamos de río y por la vegetación xerófita de las riberas —tamariscos, salvia del desierto, yucas—; las paredes de arenisca que delimitan el valle del Puerco en ambas márgenes; y la vasta extensión del altiplano que se extiende hacia el horizonte en todas las direcciones, con la silueta de mesas y volcanes en la distancia. Este paisaje, que no ha cambiado esencialmente desde que el puente fue construido en 1933, es parte integrante de la experiencia del lugar y da a la estructura metálica del puente un contexto que acentúa su carácter histórico y su belleza específica.

La proximidad de varios sitios arqueológicos y culturales de las Naciones Nativas añade al entorno del puente una dimensión histórica que se extiende mucho más allá de los noventa años de historia de la propia estructura. El territorio por el que discurre el río Puerco ha sido habitado por pueblos indígenas durante más de dos mil años, y los vestigios de asentamientos ancestrales —ruins de pueblo, petroglifos, lugares ceremoniales— son frecuentes en la región. La Route 66 cruzó este territorio sin siempre prestar la debida atención a su riqueza arqueológica, y el movimiento de preservación contemporáneo ha tenido que abordar la relación entre el patrimonio viario de la carretera y el patrimonio cultural indígena preexistente de manera más consciente y más respetuosa que en el pasado.

El puente en el período post-Route 66: preservación y desafíos

Después de su cierre al tráfico en 1981, el Rio Puerco Truss Bridge entró en un período de incertidumbre sobre su futuro que es característico de muchas estructuras de la Route 66 que quedaron fuera de uso con la desclasificación de la carretera. Las opciones que existían para el puente eran básicamente tres: la demolición, que liberaría el espacio y eliminaría el coste de mantenimiento de una estructura que ya no cumplía ninguna función práctica; el abandono, que era en la práctica la opción por defecto cuando ni la demolición ni la preservación tenían suficiente apoyo; o la preservación activa, que requería la designación patrimonial del puente y la asignación de recursos para su mantenimiento.

El proceso de reconocimiento patrimonial y de inclusión del puente en el Registro Nacional de Lugares Históricos fue el resultado de los esfuerzos combinados de varias organizaciones y personas. Las asociaciones de preservación de la Route 66 en Nuevo México, apoyadas por el Nuevo México State Historic Preservation Office (SHPO), trabajaron durante años para documentar el puente, argumentar su significado histórico y arquitectónico, y lograr su inclusión en el Registro. Este proceso de documentación —que implicó la realización de estudios históricos, la descripción técnica de la estructura, el análisis fotográfico y la preparación de los formularios de nominación exigidos por el National Park Service— fue en sí mismo un ejercicio de conocimiento y de valoración del patrimonio viario que contribuyó a la comprensión académica de la Route 66 como fenómeno histórico y cultural.

El mantenimiento del puente en condiciones aceptables de conservación ha sido uno de los desafíos más persistentes de su gestión como monumento histórico. La estructura de acero, expuesta a las condiciones climáticas del suroeste americano —con sus extremos de temperatura entre el verano y el invierno, su radiación solar intensa y su humedad ocasional durante el monzón de verano— sufre los efectos del tiempo de manera visible: la corrosión del metal, el deterioro de los elementos de conexión entre piezas, la degradación del hormigón de los estribos y los pilares. Estos procesos de deterioro son inevitables en cualquier estructura de este tipo y requieren intervenciones periódicas de mantenimiento para ser controlados.

La financiación de ese mantenimiento ha sido objeto de debate y de negociación entre las diferentes instancias responsables: el estado de Nuevo México, el condado de Bernalillo (en cuyo territorio se sitúa el puente), el gobierno federal a través de sus programas de preservación del patrimonio, y las organizaciones privadas de preservación de la Route 66. La multiplicidad de actores involucrados refleja la naturaleza compleja de la gestión del patrimonio viario en los Estados Unidos, donde la responsabilidad sobre las carreteras históricas y sus estructuras asociadas puede distribuirse entre diferentes niveles de gobierno y entre el sector público y el sector privado según la historia jurídica de cada elemento.

El turismo de la Route 66 y el renacimiento del interés por el puente

La cultura del turismo de la Route 66 —que desde los años ochenta del siglo XX ha crecido de manera sostenida hasta convertirse en uno de los productos turísticos más reconocibles de los Estados Unidos— ha sido el factor que más decisivamente ha contribuido a mantener el interés público en el Rio Puerco Truss Bridge y en los demás elementos patrimoniales de la carretera histórica en Nuevo México.

El turismo de la Route 66 tiene características específicas que lo distinguen del turismo cultural convencional. El viajero típico de la Route 66 no es simplemente alguien que visita un monumento histórico: es alguien que realiza un viaje en el que el propio camino recorrido es el objeto de la experiencia, alguien que busca la experiencia del movimiento, del paisaje cambiante y del descubrimiento de objetos y lugares que la historia de la carretera hace significativos. En este contexto, el puente sobre el Puerco no es solo una estructura de ingeniería interesante: es uno de los puntos de referencia del itinerario, uno de los lugares donde el viajero de la Route 66 se detiene, fotografía y reflexiona sobre el pasado y el presente de la carretera y del país que la atraviesa.

El impacto de las redes sociales y de la fotografía digital en el turismo de la Route 66 ha sido considerable en los últimos años. La estética visual del puente —su acero patinadlo por el tiempo, su silueta de armadura metálica recortada contra el cielo azul intenso del suroeste americano, el cauce seco del Puerco a sus pies— tiene unas cualidades fotogénicas que lo han convertido en uno de los objetos más fotografiados del tramo neomexicano de la carretera histórica. Estas fotografías, compartidas a través de Instagram, Pinterest y otras plataformas visuales, han contribuido a difundir la imagen del puente entre audiencias que no habrían conocido su existencia a través de los canales turísticos convencionales.

La comunidad de entusiastas de la Route 66 —que incluye tanto americanos como europeos y japoneses para quienes la carretera tiene un significado cultural específico relacionado con la imagen de los Estados Unidos que el cine, la música y la literatura han proyectado globalmente— ha desarrollado una cultura de documentación, de estudio y de preservación del patrimonio de la Route 66 que tiene una sofisticación académica creciente. Los investigadores de universidades americanas, los historiadores locales y los activistas de la preservación patrimonial han producido una bibliografía significativa sobre la historia de la Route 66 y de sus elementos asociados, y el puente sobre el Puerco aparece en esa bibliografía como uno de los objetos que mejor ilustran la historia de la infraestructura viaria americana del período de entreguerras.

La Route 66 en la cultura popular y el lugar del puente

El rio Puerco Truss Bridge no puede entenderse completamente sin considerar el papel que la Ruta 66 como conjunto ocupa en la cultura popular americana y mundial. La carretera ha sido el escenario o el tema de algunas de las obras más influyentes de la cultura americana del siglo XX: la novela Las uvas de la ira de John Steinbeck (1939), que narró el éxodo de las familias del Dust Bowl hacia California por la Route 66; la novela En el camino de Jack Kerouac (1957), que convirtió el viaje en carretera en el símbolo de la libertad beatnik; la canción "(Get Your Kicks on) Route 66" de Bobby Troup (1946), versionada por Nat King Cole, Chuck Berry y los Rolling Stones, entre muchos otros, que la convirtió en un himno del viaje americano; y la serie de animación Cars de Pixar (2006), que introdujo la cultura de la Route 66 a una nueva generación de niños en todo el mundo.

Esta presencia en la cultura popular ha dotado a la Route 66 de una carga simbólica que trasciende con mucho su historia como infraestructura viaria. La carretera es percibida como el símbolo de una América que ya no existe o que existe solo en estado residual: una América de espacios abiertos, de pequeñas comunidades con sus particularidades locales, de una velocidad y una escala humanas que el mundo de las interestatales y de los aeropuertos ha eliminado. Esta dimensión nostálgica de la cultura de la Route 66 es simultáneamente su atractivo principal y su limitación principal: atrae a quienes buscan una experiencia auténtica de una América perdida, pero puede también distorsionar la comprensión histórica de una carretera que fue también el escenario de la discriminación racial, de la explotación de las comunidades indígenas y de los desequilibrios económicos que la cultura nostálgica tiende a olvidar.

En este contexto de cultura popular, el puente sobre el Puerco es un objeto que condensa en su forma simple y en su historia concisa muchos de los temas de la narrativa de la Route 66: la modernización de la infraestructura americana en los años del New Deal, el auge y la decadencia de la carretera como eje de comunicación, la recuperación del patrimonio viario como bien cultural, y la persistencia del paisaje del suroeste americano como escenario de una historia que sigue siendo contada y recontada por quienes recorren el camino.

El impacto de la pandemia y los desarrollos más recientes

La pandemia de COVID-19 que azotó al mundo en 2020 y 2021 tuvo efectos paradójicos sobre el turismo de la Route 66 en general y sobre el puente sobre el Puerco en particular. Por un lado, el cierre de fronteras internacionales y las restricciones de movilidad interior redujeron drásticamente el número de turistas que visitaron la carretera histórica durante los períodos más agudos de la pandemia. Por otro lado, cuando las restricciones comenzaron a levantarse, el turismo de carretera —que permite mantener la distancia social de manera natural y evita los espacios cerrados de los transportes públicos— experimentó un auge notable, y la Route 66 se benefició de ese resurgimiento del road trip como forma de viaje seguro y satisfactorio.

El período posterior a la pandemia ha visto también un renovado interés de las autoridades federales y estatales en la preservación del patrimonio viario histórico. El Infrastructure Investment and Jobs Act de 2021 —la gran ley de infraestructuras firmada por el presidente Biden— incluía fondos específicos para la preservación de carreteras históricas y de sus elementos asociados, lo que abrió nuevas posibilidades de financiación para proyectos de conservación como el del puente sobre el Puerco. Las organizaciones de preservación de la Route 66 han estado monitoreando activamente las oportunidades de financiación que esta legislación ofrece y trabajando para canalizar recursos hacia los elementos patrimoniales de la carretera que más urgentemente los necesitan.

La conversación en curso sobre el futuro del Rio Puerco Truss Bridge refleja una tensión que es común a muchos elementos del patrimonio viario histórico: la tensión entre la preservación como objeto estático —un monumento que se conserva tal como está, accesible a los visitantes pero no utilizable para su función original— y la recuperación funcional —la restauración del puente para permitir su uso por vehículos ligeros o peatones, devolviéndole una función activa en el paisaje de la Route 66—. La segunda opción es más costosa y técnicamente más compleja que la primera, pero tiene el atractivo de devolver al objeto su condición de elemento activo de la experiencia del viajero, en lugar de convertirlo en un mero artefacto de museo al aire libre.

Análisis Artístico

El Rio Puerco Truss Bridge posee una belleza formal que pertenece a la categoría de lo que los teóricos del arte y la arquitectura del siglo XX denominaron la estética industrial o la belleza de la ingeniería: una belleza que no busca ser decorativa sino que surge de la optimización funcional, de la honestidad en el uso de los materiales y de la elegancia inherente a las soluciones estructurales que resuelven con eficiencia los problemas que se les plantean. La armadura metálica del puente —con su red de elementos lineales que componen triángulos rígidos en el espacio— tiene una geometría que es a la vez rigurosa y dinámica, una transparencia que permite ver a través de la estructura y que crea un diálogo entre el interior del puente y el paisaje que lo rodea.

La patina que el tiempo y la intemperie han depositado sobre el acero del puente añade a su valor estético una dimensión temporal que los objetos nuevos no tienen. El óxido, las manchas de mineral, los matices de color que van del naranja al marrón oscuro pasando por el gris y el negro crean una superficie que es un registro material del tiempo transcurrido, una especie de pintura abstracta que el proceso de envejecimiento ha ejecutado sobre el metal. Esta belleza del envejecimiento es precisamente la que hace que el puente sea tan atractivo fotográficamente: su aspecto nunca es el mismo en dos momentos del día o en dos condiciones de luz diferentes, y la riqueza cromática de su superficie metálica interactúa con el azul del cielo del suroeste y el ocre del paisaje circundante de maneras siempre cambiantes y siempre sugestivas.

Detalle Arquitectónico

El Rio Puerco Truss Bridge es un puente de armadura metálica (through truss) de un solo vano, con tablero de madera o de metal apoyado en la parte inferior de las armaduras laterales. La longitud del vano principal es de aproximadamente 49 metros (160 pies), una dimensión que era representativa de los puentes de armadura de carretera de los años treinta en el suroeste americano. Las armaduras laterales están compuestas por montantes verticales, diagonales y cuerdas superior e inferior que forman la geometría triangulada característica del sistema, con conexiones remachadas que son características del período de construcción.

Los estribos y las pilas que apoyan las armaduras sobre el terreno son de hormigón en masa, construidos directamente sobre la roca o sobre cimentaciones profundas según las condiciones del subsuelo en cada punto de apoyo. El acceso al tablero se realiza mediante rampas en terraplén en ambas márgenes del río, que elevan el nivel de la carretera hasta el tablero del puente. La anchura del tablero es suficiente para dos carriles de circulación de las dimensiones habituales en los años treinta del siglo XX, aunque estrecha según los estándares actuales de seguridad vial.

 

 

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