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El templo Eikando (永観堂) es un precioso templo situado en el extremo sur del Camino del filósofo en Kioto. El templo, llamado formalmente Muryojuin Zenrinji, es el principal de la escuela Seizan Zenrinji de la secta budista de la Tierra Pura.
Hoy en día es uno de los lugares favoritos de los habitantes de Kioto para disfrutar del momiji o cambio de color de las hojas de otoño. De todas formas, por su situación en la ladera de la montaña Higashiyama, el templo está precioso en cualquier época del año.
Los edificios del templo fueron pasto de las llamas durante la Guerra Onin (1467-1477). Se reconstruyeron poco a poco en 1497 y se fueron añadiendo distintas estructuras hasta completar el amplio complejo actual.
La visita al templo Eikando permite disfrutar de distintos salones, una pagoda y jardines con estanques rodeados de naturaleza…
Historia del templo Eikando.
La historia del templo Eikando se remonta a comienzos del periodo Heian, al año 853. Fue entonces cuando un antiguo noble de la corte regaló el complejo en el que se encontraba su villa de descanso al abad budista Shinjo.
Este abad, discípulo de la gran figura del budismo japonés Kobo Daishi (de nombre original Kukai), quedó impresionado con la gran belleza natural de la zona. Y decidió construir allí un salón para la práctica del budismo esotérico de la secta Shingon.
A finales del periodo de Heian, sobre el año 1225, el templo pasó a ser conocido comúnmente como Eikando, que significa «salón de Eikan». Esto fue por el séptimo abad del templo, llamado Eikan (1033-1111), quien lo reconvirtió a la secta budista de la Tierra Pura y contribuyó a su restauración.
Cuenta la leyenda que en 1082, Eikan, todavía en formación, paseaba rezando por el salón principal del templo cuando Amida Nyorai (Amitabha Tathagaya, el Buda de la luz sin fin de la Tierra Pura, la imagen principal del templo) se le unió. Eikan se quedó parado, pensando que quizás estaba soñando, cuando Amida Nyorai le gritó «Eikan, ¡no te quedes atrás!». Hoy, la imagen principal del templo describe claramente esta escena. Se trata del Mikaeri Amida Nyorai, un Buda Amida con una sonrisa en la cara y mirando hacia atrás, girando la cabeza hacia la izquierda.
La imagen del Buda Amida mirando hacia atrás es un ejemplo muy peculiar de Amida Nyorai. De hecho la leyenda cuenta que, cuando la imagen llegó al templo, el Buda miraba hacia el frente. Sin embargo, tras el encuentro con Eikan, el Buda apareció con la cara girada y mirando hacia atrás. De los múltiples tesoros que hay en el templo, esta imagen del Mikaeri Amida Nyorai es una de las más enigmáticas y sorprendentes, sin duda alguna.
Como el resto de la ciudad de Kioto, el templo quedó totalmente destruido durante la Guerra Onin (1467-1477). Sus edificios principales fueron reconstruyéndose poco a poco en 1497 y se fueron añadiendo distintas estructuras hasta completar el amplio complejo actual.
No obstante, durante el periodo Meiji (1868-1912) hubo un gran movimiento antibudista y el templo se vio muy afectado. Por suerte, el templo se fue recuperando en el siglo XX y se alzó como el templo principal de la secta budista de la Tierra Pura. Hoy se esconden aquí muchos tesoros culturales en sus distintos salones y en el interior de la pagoda.
Fuente: https://japonismo.com/ la mejor web informativa sobre Japón. ¡No dejes de visitarla!
Otro punto de interés durante el Paseo del Filósofo es el santuario Otoyo, que es bastante famoso por tener unos animales guardianes la mar de curiosos. Y es que si normalmente encontramos como guardianes a perros mitológicos o zorros (como en el santuario Fushimi Inari, por ejemplo), en el santuario Otoyo los guardianes son ratones.
El santuario Otoyo está abierto durante todo el día y la entrada es gratuita.
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Entre el templo Ginkakuji y el templo Eikan-do encontramos el Tetsugaku no michi (哲学の道), el Paseo del filósofo o Camino de la filosofía en español. Se encuentra, por tanto, al norte del barrio de Higashiyama y al este de la ciudad de Kioto.
Este camino es una preciosa ruta de unos dos kilómetros de largo paralela al estrecho canal Shishigatani que forma parte del sistema de canales que llegan hasta el lago Biwa. El canal se construyó durante el periodo Meiji (1868-1912) para alimentar la primera planta hidroeléctrica de Japón.
El camino obtuvo su nombre del filósofo japonés y profesor de filosofía Nishida Kitaro (1870-1945), quien solía meditar en esta zona de camino a la Universidad de Kioto. Hoy quizá nos será difícil meditar, puesto que el camino siempre está lleno de turistas haciendo fotos y habitantes de Kioto dando un paseo.
La zona del Camino de la filosofía está especialmente concurrida en primavera, cuando florecen los cerezos a ambos lados del canal. De hecho, el Camino de la filosofía es uno de los lugares más famosos y populares para ver las preciosas flores de sakura en Kioto. En verano, el camino proporciona cierta sensación de frescor ante el inmenso calor y humedad de la ciudad, mientras que en otoño está precioso con el momiji o cambio de color de las hojas. Además de cerezos y arces, hortensias y camelias florecen también en el camino, por lo que está bonito en cualquier época del año.
Los orígenes de la palabra tetsugaku o filosofía en japonés.
El sentido originario de la palabra filosofía es la sabiduría como unión del conocimiento teórico y práctico. En el caso de Japón, antes del final de la época Tokugawa ya había intelectuales y científicos japoneses que reconocían el valor de algunas ramas del conocimiento occidental, pero con el aislamiento del país, esto se limitaba a los estudios holandeses, rangaku en japonés, que eran estudios de obras de medicina y ciencias naturales.
Takano Chōei fue una de las voces más críticas de finales del periodo Tokugawa (primera mitad del siglo XIX) y escribió textos donde daba cuenta de la situación de pobreza del país y donde criticaba el papel del gobierno. En estos textos Takano hablaba de la trayectoria de la filosofía occidental pero utilizaba, en lugar de la palabra «filosofo», inexistente en japonés en aquel entonces, gakushi, que se podría traducir como «maestro de conocimientos».
Asimismo, Takano utilizaba el término jitsugaku para referirse al conocimiento derivado de la ciencia experimental, algo que debía quedar incluido en la filosofía. Estos primeros intentos derivaban de la traducción de términos holandeses, con los que Takano estaba familiarizado por sus estudios anteriores, pero fue Nishi Amane quien encontró el neologismo adecuado, tetsugaku, para traducir el concepto de filosofía.
Pero Nishi no encontró el vocablo de forma inmediata sino que hizo varios intentos hasta dar con el más adecuado. Utilizó kyūrigaku (filosofía natural), rigaku (ciencia de la razón), seirigaku (ciencia de la naturaleza de las cosas) y, en 1874, llegó a tetsugaku como abreviatura de kitetsugaku. Tetsugaku surge de los caracteres ideográficos que significan «sabiduría» y «aprendizaje» (哲学), que capta muy bien el significado de filosofía.
Sin embargo, el término hace referencia únicamente al corpus occidental, ya que para Nishi la filosofía como tal no existía en Japón (Godart, 2008). De hecho, la producción intelectual indígena recibe un nombre diferente, shisō.
El Camino de la filosofía puede hacerse desde el templo Eikan-do hacia el norte o desde las inmediaciones del templo Ginkakuji hacia el sur.
En el Camino de la filosofía hay un cartel que indica exactamente el punto en el que comienza el recorrido «oficial».
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No muy lejos del Ginkakuji, el Pabellón de Plata, sobre el camino del filósofo, está el templo Honen-in que bien merece una visita.
El Templo Honenin (法然院, Hōnen-in) de Kyoto fue construido en el año 1680 para honrar al fundador de la secta Jodo: Honen (1133-1212). Se aconseja visitar este templo especialmente en Abril durante la temporada de cerezos en flor y en otoño para ver sus magníficos arces cuyos colores alcanzan un brillo inimaginable.
El Templo Honenin, además, tiene un pequeño jardín de camelias el cual puede verse desde la sala Hojo. La sala Hojo alberga pinturas de Kano Mitsunobu y está abierta al público solamente durante las dos primeras semanas de Abril (1-17) y la primera semana de Noviembre (1-7) porque es cuando el templo tiene más visitas.
En las alturas boscosas de la antigua capital, después de haber logrado la subida y haber cruzado un umbral, se encuentra el paraíso de Amida (nombre japonés del Buda Amitabha) que parece hechizar a todos los que lo visitan. Aquí, los exteriores magnifican el interior.
Un jardín seco de arena blanca cuidadosamente rastrillada por los monjes quienes cambian las formas simbólicas en la arena dependiendo de la estación, un jardín de musgo, un estanque... todo esto contribuye a que uno sienta el momento presente.
Es una escenografía que invita al silencio. Hay estatuas de piedra que vigilan el lugar.
Pero eso no es todo. Desde hace más de veinte años, Shinsho Kajita, el monje principal de Honen-in, ha estado recibiendo artistas contemporáneos de todo el mundo, pues considera que la función de los creadores no está lejos de la de los religiosos. "Hoy en día, dijo, muchos visitantes vienen a admirar el patrimonio artístico budista japonés. Sin embargo, es necesario recordar que, en su tiempo, estas obras también fueron consideradas arte contemporáneo".
El Templo Honenin a veces tiene pequeñas exhibiciones de músicos y artistas locales en una pequeña sala situada a la derecha de la puerta Sanmon. Estos últimos años se han llevado a cabo más de cien eventos al año en este templo incluyendo simposios, recitales de música japonesa y occidental y ceremonias de té.
Aún si algunas personas pueden ofenderse al ver instalaciones o escuchar bossa nova en un lugar dedicado a Amida, el monje organiza casi un centenar de eventos cada año, teniendo en mente que el budismo va más allá de la moral social. El arte, una expresión de vida, genera una dinámica, a pesar de que a veces refleja una visión oscura de la realidad del mundo. Una invitación a reflexionar.
Honen
Este templo está dedicado al monje Honen (1133-1212). Fundador de la escuela budista Jodo-shu, la secta de la Tierra pura, uno de los tres movimientos amidistas. El abogó por la simplificación de los ritos. Una persona carismática, que ayudó a popularizar el amidismo en Japón. Según él, la simple invocación del Buda Supremo garantiza la entrada al paraíso...
Las almas duermen en paz
Algunos ilustres difuntos descansan en el cementerio que está junto al templo. Un encuentro póstumo con hombres notables incluye: el economista, escritor y poeta humanista Kawakami Hajime (1879-1946), el defensor de los campesinos y los obreros, que tradujo El Capital, de Karl Marx a la lengua de Basho; el filósofo Kuki Shuzo (1888-1941) quien estudió con Martin Heidegger y tuvo a Jean-Paul Sartre como tutor y el escritor Tanizaki Junichiro (1886-1965), autor del famoso El elogio de la sombra.
Los árboles imponentes, excelentes guardianes, aseguran la paz de este lugar.